| De Sonetos de la muerte De nicho helado en
que los hombres te pusieron
te bajaré a la tierra humilde y soleada.
Que de dormir en ella los hombres no supieron,
y que hermoso de soñar sobre la misma almohada.
Te acostaré
en la tierra soleada con una
dulcembre de madre para el hijo dormido,
Luego iré
espolvoreando tierra y polvo de rosas,
y en la azulada y leve polvereda de luna,
los despojos livianos irán quedando presos.
Me alejaré
cantando mis venganzas hermosas,
porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna
bajará a disputarme tu puñado de huesos!
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