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Teoría de los zapatos
Quiero pedir permiso.
¡No quiero molestar a nadie!
Olvídense de mí por un momento:
demos
paso a cosas más esenciales.
Ocurre,
por ejemplo,
que siempre me han impresionado los zapatos:
son tan vanidosos como las aceitunas,
y arrogantes como las farmacias;
y aunque yo no estoy de acuerdo,
a veces parecieran que ellos son
lo
único valioso que ambula por las calles.
Tienen tanta personalidad como una mueblería;
pasan por tantas partes,
ignorando tantas cosas de los caminos,
que
me aterra no saber lo que piensan.
Son tan interesantes sus vidas,
que otro día,
cuando tenga más papel,
apareceré en otra página
para hablarte
sobre
la teoría de los cordones.
¡Muchas gracias! |