Me gusta viajar en tren, pero con billete de tercera, y ligera de equipaje...

Hace poco se lo comentaba a un amigo:

Los trenes me complacen, pero no los trenes nuevos, donde no hay billetes de tercera, los que te llevan muy rápido a ningún lugar A mi me gustan los trenes de acero y skay con olor a sesenta. Me gusta esta linea clásica, la que suelo tomar, con dirección a: Zaragoza, Bilbao, llamado el Norteño. O bien Barcelona, Granada llamado el Borreguero, Lérida/ Lusitana es un gran Hotel. Me gusta este tren con sabor a viejo, donde tienes tiempo de perder el tiempo, donde haces amigos, y compartes sueños.

Me agrada este tren de largos pasillos, con vagones monolíticos. Donde no existe anonimato ni dios que lo fundo, solo es un tren, arteria viva de los sin techo. Este tren tiene sus códigos, para ser aceptado, tienes que mostrar una actitud atribulada, que forma parte de un rito, tienes que mostrar algo de miedo, sorpresa y tiento. Tienes que ser experto en viajes, pero no mucho. Tienes que saber de estaciones, paradas y " hombres muertos" ( especie de alarma que indica maquinista dormido), tienes que preveer un ronquido o bien un:

- ¡¡ Esta renfe es la ostia....por eso y por eso.....¡¡ -

Una vez te has integrado en este gran salón familiar, el tren es compasivo y amigo. A partir de este momento, puedes estirar las piernas en un vagón compartido, compartes un pasillo, un cigarro, y una ojeda por la ventana al páramo ausente de la península, y al sentarte miras a tu vecino, pasajero también de nostalgias, Su cara se mantiene en posición intermedia, cara de hastío y complicidad.

Miro furtivamente, como quien no quiere amigos. El me mira sin pudor, y eleva su vista al paisaje, de nuevo baja la vista y te dice:

- Esto del tren...es muy lento -

Abre el cenicero con las siglas del ferrocarril, y continua:

Yo soy un hombre entendido, soy de buena ley: - ¿¿ Ves esta foto ? - Señala aun poster en blanco y negro colgado sobre mi asiento, foto que reza: - Pirineo Aragones -  ¿Ves esta maldita foto,? - yo tengo cientos de ellas, allí estuve cuando me casé....-  Entonces comienza el viaje. Evocando batallitas, recordado viejas citas. Al rato, él, abre su equipaje y me convida a un trozo de pan con salsichón barato cortado a fina navaja.

Miro al cielo desde la ventana, llega la noche con su crepúsculo malva, y me siento bien en mi tren, con billete de tercera, ligera de equipaje contemplado el paisaje. Comparten conmigo pan, vino, batallas y sueños en mi departamento: Él, una pareja anciana, un militar en reserva y mi alma.