Vil Muerte

 

Cuando me vaya, no me pongas flores;

decías casi sin palabras.

Cuando deje de mirar, no me distraigas con lutos;

decías con los ojos del alma.

Cuando me deje el aliento, entregame a la tierra,

debajo del cielo;

Decías temblando en el filo de tu dolor agotador.

 

Te fuiste una mañana, despacio, en silencio.

Con la luna rota en un alba gris cetrina.

Marchaste con una sonrisa límpida

de quien no le teme a nada.

Detras de tí se cerrarón la ventanas de mi amor al viento.

Te llevaste mi juventud tan blanca,

con tu vil muerte callada.

 

No te he puesto flores, solo ramos de besos.

Estas entre la tierra y el cielo

presidiendo, una cruz de Carras blanca.

Han nacido lirios de tu cuerpo fecundo,

lirios blancos, amarillos, y nardos como la plata.

Y aquí estoy, callada, mirando mis manos rotas,

Y esperando el último día en que se levanten los muertos

y cobren vida los santos.