A mi padre

 

Guardo en la retina de los recuerdos

tu imagen esbelta y sobria, guardo

en los oídos del alma, tu palabra justa.

Siento tus manos detrás de mi persona

ayudándome en los pasos torpes de mi niñez

que casi fue la tuya.

Pero hoy, padre;

Te han crecido alas de dolor

y te agitas en la cama como una gaviota herida

pidiendo agua, pidiendo café, tabaco y uvas

cuyas pieles no puedes mascar,

líquidos que no puede absorber tu garganta nula.

Padre ¿ Recuerdas ?

Me enseñaste a nadar. - ¡ Suelta ¡ - Decías;

El lago te sostendrá.

Ansío decir;

- Suelta padre - qué la muerte te sostendrá -

 

Afuera, el otoño prosigue sin nosotros.

Con qué facilidad ceden las hojas,

las oigo en el último soplo de aire,

dejando atrás este lugar que desaparece

de mi infancia, con tu muerte.