Hay días

Hay días, que amanecen despacio, parecen días que van a ser poco útiles, días en que la inspiración viene holgazana. Te sientas a escribir, y no sabes  si hablar de campanas, rosas rojas o de nada, entonces revisas ficheros, cajones y amarillas fotografías, en espera que te llegue algo y te das cuenta que la memoria es como arena movediza y que los viejos retratos están muy serios, y no se comunican, es cuando hechas mano, de alboradas antiguas, aquella que un día vi desde el balcón de un viejo hotel besado por el mar en una fría mañana de febrero, hace, vete a saber cuantos años. Aun llega a mi olfato el sabor a salitre y a velas consumidas, recorre por mi cuerpo un regusto a mentira, de quien me dijo: " eres el canto de mi vida", y sonrío ante la insolvencia de aquellas palabras, tal vez yo también diría: " eres la luz de mis días"; y aquí estoy, viendo su cara sepia, llena de polvo por el tiempo pasado en un rincón de la caja

 Es en este momento cuando sientes la relatividad de todo, y que el dolor y la dicha se agotan rápido, y que no puedes escribir siquiera unos versos derrotados que tengan alguna emoción. Las palabras se sumergen en la hierba seca de uno de tantos inviernos pasados, y como toda prenda, te queda el cuerpo roto, desgastado por algún sueño irisado .Entonces nos sentimos opacos, desnudos, las manos se arrastran en las sombras, somos ropa vacía que camina con miedo sobre el mundo, pisando ramas y hojas secas, y te das cuenta que Dios también creo nuestra soledad, para que tuviéramos otra dimensión del tiempo. Estos días " El cuerpo se pasea por una habitación llena de libros, de espadas y cruces góticas" (J.E, Cirlot)

Delante mío se abre un nuevo día, coronado de azul cielo, un día frío como el mármol de una lapida pulcra levantada en homenaje a mi romanticismo. Mis ojos cruzan la soledad del tiempo, el alma alcanza ver la fragilidad de todo y el pasar de los años. En estas reflexiones me siento desnuda, y poco más que nada. Yo soy la que soy, y estas palabras contienen algo de calor, algo de esperanza, porque sé que solo algunos días todo va despacio, donde las horas se desgranan solas, y que sigo esperando abrir otra vez el balcón que mira el Mediterráneo, para arañar de nuevo el cielo, superar las noches y llenar de alas el viento. Hoy, es mejor dormir, y disimular mi existencia. Llegara mañana, donde  podré cantar e hilar versos, sobre los mismos zapatos que hoy no me puedo calzar, y querré abrir mis venas bajo un sol limonero, y encontrar otro paraíso lleno de amor y pompas de jabón.