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EL EXTRAÑO Solíamos reunirnos a veces en la plaza solo palabras simples nada en común ni nombres ni sueños ni viejas heridas de lo mismo yo amaba su compañía su manera de mirar los árboles y el cielo y sobre todo como sus manos buscaban el aire en los silencios de la tarde un día lo vi irse definitivamente: le discutí a muerte su presunta sabiduría acerca de los pájaros se me nublaron los ojos y vi entonces como sus manos tomaban forma distinta mientras se alejaba en el más hermoso vuelo que yo jamás hubiese imaginado Atrevidísimo sol que acariciás la que amo la
lastimás de luz
la encendés como a un rostro el asombro como a dos pechos el amor como a las tardes las heridas del ocaso apalomado sol pájaro terrible yo también la amo: mientras dormís le abro el alma a tajos de la noche la crucifico en la vía Láctea
la eternizo en el deseo Algo habrá que aprender de las palomas: la libertad del vuelo la manera simple de amarse con miradas
esa facilidad para el aire en medio de nuestra condición terrestre habrá que encontrar un idioma de nubes para decirles lo necesario de su símbolo para que traigan
más seguido un sueño de paz bajo las alas |