EL EXTRAÑO

 

Solíamos reunirnos

a veces en la plaza

solo palabras simples

         nada en común

ni nombres ni sueños

ni viejas heridas de lo mismo

 

yo amaba su compañía

su manera de mirar los árboles y el cielo

y sobre todo

como sus manos

buscaban el aire

en los silencios de la tarde

 

un día lo vi irse

definitivamente:

le discutí a muerte

su presunta sabiduría acerca de los pájaros

 

se me nublaron los ojos

y vi entonces

como sus manos tomaban forma distinta

mientras se alejaba

en el más hermoso vuelo

que yo jamás

hubiese imaginado

 

Atrevidísimo sol

que acariciás la que amo

           la lastimás de luz

                  la encendés

como a un rostro el asombro

como a dos pechos el amor

como a las tardes las heridas del ocaso

 

apalomado sol

pájaro terrible

yo también la amo:

mientras dormís

le abro el alma a tajos de la noche

la crucifico en la vía Láctea

                 la eternizo en el deseo

  

Algo habrá que aprender

de las palomas:

la libertad del vuelo

la manera simple de amarse con miradas

                 esa facilidad para el aire

en medio de nuestra condición terrestre 

 

habrá que encontrar

un idioma de nubes

para decirles lo necesario de su símbolo

 

para que traigan

                     más seguido

un sueño de paz bajo las alas