LA LUZ DESABITADA


¡Era hermoso el mundo hombre!:
los murmullos del cielo
en bocas anónimas de silencio,
las aves repitiendo sus latidos
como presagios sin palabras.
Hoy sin embargo bullen
los espejos. Desde el amanecer
salen sombras de tiniebla
de los sótanos fríos y procases.
Nadie se atreve a recorrer
en oscuridad las multitudes
porque no hay voz para los hombres:
se consumieron en sus rostros
enmohecidos como duras escamas 
de la brutal indiferencia.
Seducidas por la muerte
y por gritos electrónicos
que escarban sin sueño
en sus nichos de hojalatas
para consumir
lo que le queda de hálito.
!Qué azul agoniza sin sosiego!:
la luz se esconde tras abanicos
de sollozos.
Sólo se advienen hojas desmembradas,
resbalan de los árboles
cayendo entre huertos de cucarachas
que nadie ya lo habita.
La luz quedó inhóspita,
como bouquet susceptible a todo,
estira sus alas de Ícaro,
y ahí muere de agobio: antes la sombra
de la vela.