Sin discusión,
el poeta peruano más grande de todos los
tiempos, una figura capital de la poesía
hispanoamericana del siglo XX -al lado de
Neruda y Huidobro- y una de las voces más
originales de la lengua española. Su
complejo mundo poético se distingue por un
profundo arraigo al ámbito familiar; las
experiencias del dolor cotidiano y la
muerte; la visión del mundo como un lugar
penitencial sin certeza de salvación; la
solidaridad con los pobres y desamparados
del sistema capitalista; y la fe en la
utopía revolucionaria prometida a los
hombres por el marxismo. En diversas etapas
de su obra se notan los influjos del
modernismo, la vanguardia, el indigenismo,
la poesía social y el impacto de
acontecimientos históricos, como la Guerra
Civil española. Nació en Santiago de Chuco,
en la zona andina norte del Perú, en el seno
de una familia con raíces españolas e
indígenas. Desde niño conoció la miseria,
pero también el calor del hogar, lejos del
cual sentía una incurable orfandad. Estudió
en la Universidad de Trujillo, ciudad donde
recibió el estímulo de -la bohemia- local
formada por periodistas, escritores y
políticos rebeldes. Allí publicó sus
primeros poemas antes de llegar a Lima a
fines de 1917.
En esta ciudad
aparece su primer libro, Los heraldos
negros (impreso en 1918), uno de los más
representativos ejemplos del posmodernismo,
tras las huellas de Leopoldo Lugones y Julio
Herrera y Reissig. En 1920 hace una visita a
su pueblo natal, donde se ve envuelto en
unos disturbios que lo llevarán a la cárcel
por unos tres meses; esta experiencia tendrá
una crítica y permanente influencia en su
vida y obra, y se refleja de modo muy
directo en varios poemas de su siguiente
libro, Trilce (1922). Se considera
esta obra como un momento fundamental en la
renovación del lenguaje poético
hispanoamericano, pues en ella vemos a
Vallejo apartándose de los modelos
tradicionales que hasta entonces había
seguido, incorporando algunas novedades de
la vanguardia y realizando una angustiosa y
desconcertante inmersión en los abismos de
la condición humana que nunca antes habían
sido explorados.
Al año siguiente
parte para París, donde permanecerá (con
algunos viajes a la Unión Soviética, España
y otros países europeos) hasta el fin de sus
días. Los años parisinos fueron de extrema
pobreza y de intenso sufrimiento físico y
moral. Participa con amigos como Huidobro,
Gerardo Diego, Juan Larrea y Juan Gris en
actividades de sesgo vanguardista, pero
pronto abjura de su propio Trilce y hacia
1927 aparece firmemente comprometido con el
marxismo y su activismo intelectual y
político. Escribe artículos para periódicos
y revistas, piezas teatrales, relatos y
ensayos de intención propagandística, como
Rusia en 1931. Reflexiones al pie del
Kremlin (1931). Inscrito en el Partido
Comunista de España (1931) y nombrado
corresponsal, sigue de cerca las acciones de
la Guerra Civil y escribe su poema más
político: España, aparta de mí este cáliz,
que aparece en 1939 impreso por soldados del
ejército republicano. Toda la obra poética
escrita en París, y que Vallejo publicó
parcamente en diversas revistas, aparecería
póstumamente en esa ciudad con el título
Poemas humanos (1939). En esta
producción es visible su esfuerzo por
superar el vacío y el nihilismo de Trilce y
por incorporar elementos históricos y de la
realidad concreta (peruana, europea,
universal) con los que pretende manifestar
una apasionada fe en la lucha de los hombres
por la justicia y la solidaridad social. ©
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