A mi amada Esposa

 

Nos fuimos acercando,

nuestros cuerpos se reconocieron,

se enredaron de tal forma

como jamás lo hicieron.

 

El perfume que emanaban,

llenó el ambiente de deseo

y nuestras bocas se encontraron

para quemarse en el fuego.

 

Las mejores caricias

de repente nacieron 

acrecentando la pasión

con fantasías y con  juegos.

 

De pronto y por un momento

nos marchamos hasta el cielo

y en ese volar tan alto

se fusionaron los cuerpos,

un grito  de libertad

nos envolvió en el tiempo,

cuando el huracán salvaje

estremeció los cimientos

envueltos en tanto placer

regresamos hasta el lecho

y con una voz susurrante

te dije cuánto te quiero.