Darse cuenta

 

Desde lo más profundo de mi ser

donde nace la realidad

y muere la fantasía,

desde ese lugar,

me voy dando cuenta

que lo que el hombre nos da,

no es amor, no es pureza.

 

Tal vez, en su recorrido,

se aparte de lo que es su esencia,

cargándose de a poco,

de miserias, de tristezas,

que va acumulando

invadiendo su conciencia.

 

Cuando pasan los años,

envuelto en un mar de ausencias

se va encontrando a sí mismo

con la gran soledad acuesta

apagándose lentamente

porque mató su inocencia.