¡Tantas noches cada día!


La que más gruñe es la noche mañanera, cuando la luna del mediodía empaña el amanecer vespertino y dibuja un silencio de grises tormentas en el parpadeo vital de los relojes, mientras se desnudan en la arena las horas que se arrugan como el humo en el ayer, y la verdad se atraganta en sus pálidos disfraces, mientras la penumbra impertinente pasea sus vergüenzas sobre el techo de la angustia, que inocente gotea sus dolores vitalicios. ¡Tantas noches cada día!...