Dulce espera

 

Éramos ninguno y lo sabíamos, y ahora no somos nosotros y lo olvidamos.  

 

Somos suma, como mi vigilia, como fuimos humo, y seremos verbo. Somos las dos de la madrugada, y embotellados en perfumados frascos de horas perdidas, dibujamos un mañana con gritos de colores, mientras las ramas de los días se disputan su territorio de sombras, y las alfombras aplauden nuestro encuentro sobre ellas.  

 

Quiero dejar de esperar, para que llegues.