Alcoba
Desde el ombligo nocturno
húmedas preguntas
abotonan miradas
que se cruzan
abrazadas al deseo
como el humo.
Evocando un éxtasis tajante
de horas almidonadas
que no pasan de largo
sin clavar puñales
en cada caricia,
en el ojal
entrepiernas florecen
burbujas mojando
las leguas de la guerra
galopada.
El sueño, rendido,
pespunta
entre las sombras
las heridas de la noche.
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