YO SOMOS. MÍ SOY

 

El poeta que me habita  aprecia más el   inaudible suspiro de un ser humano  que el aullido estereofónico de las multitudes, pero el demócrata que me comparte  prefiere el aullido estereofónico de las multitudes a la inaudible complicidad de los que callan.

El elector que vigila entre los renglones de mi ideario exige la presencia de programas e ideas en los aullidos estereofónicos de los amos de la palabra y sus significados, pero el político que en mí deambula prefiere aullidos sin fondo, discursos sin propuestas, programas sin respuestas.

El ciudadano que me define – hijo natural  del conflicto de intereses entre yo y yo -  opta por el deber de intentar acertar y el derecho a equivocarse, aunque  el tirano  que desde el fondo de mi humano egoísmo se pasa la vida tratando de subyugarme, prefiera el bien ensayado mutismo estereofónico de las multitudes al doloroso callar estereofónico de un solo ser humano, 

La vida entretanto,  sí, ésa que de tonta no tiene ni un solo minuto,   mide y pesa el dilema en que me encuentro, y mirando de reojo al tiempo que la cabalga, levanta los hombros en un gesto no sé si impotente o desinteresado, y sigue trotando como si el guión estuviera escrito de antemano, instaurando por decreto el grito como consigna y la mentira como bandera.

Ante tal panorama y desde el fondo de mi precipicio privado, elijo ser acallado por la fuerza a tener que callar por interés; elijo ser obligado a arrodillarme a tener que aceptar arrodillarme ante nadie, porque desde que finalmente comprendí que yo somos; porque desde que entendí que nosotros soy, no acepto, no aceptamos, cueste lo que me cueste, cueste lo que nos cueste,  vivir bajo el cielo raso de la suela de las botas de nadie.