EL ESPEJO

 

 Anochece cuando despunta el alba, y los pájaros nadan alegremente en el fondo del río, y los peces  gorjean satisfechos desde sus nidos en las palmeras de todos los desiertos, mientras la Verdad manda un correo electrónico comunicando su próxima llegada.

Rezan los ateos sus magníficos rosarios, y los mudos entonan sus cantos gregorianos,   y los ciegos controlan los vuelos de los aeropuertos de todas las ciudades, mientras    los fundamentalistas palestinos se arrepienten de todos sus pecados, y Ariel Sharon busca afanosamente una paz justa que transforme fronteras en abrazos.

Amanece en el epicentro de las horas  nocturnas, y las bombas inteligentes adornan los  salones de todos los museos, y las campanas repican sobre lo que un día fuera   la  capital  de Las mil y una noches, invitando para la misa en memoria de la ciudad asesinada, mientras George W. Bush defiende contra viento y marea  la Libertad y  
la Democracia.

El Dios de Ariel Sharon deja de ejecutar  los melódicos suspiros del Cántico de los Cánticos en el teclado azul del rictus cadavérico de tantos inocentes, y Alá declama un sentido mea culpa  por los desmanes de algunos de sus hijos, y el Dios de George W. deja de jugar al escondite  entre los escombros de los Santos Evangelios, mientras la Paz asume el mando de todos los ejércitos.

La esperanza escapa de las mazmorras de Guantánamo,

       y la cordura invade las intenciones de todos los discursos,

            y   la pesadilla por fin despierta de si misma,

                 y  colorín colorado,  que seremos felices para siempre.