RECUERDO DE INFANCIA

 

 

"Cuando era niño, recuerdo que estaba en el jardín del fondo de mi casa, en una mañana repleta de gorriones y palomas, con el inconfundible aroma de jazmines dominando la escena y las infaltables mariposas hamacándose en las ramas, cuando vi en sus mínimos detalles cómo un enorme cactus del jardín del vecino se arrimaba al alambrado que separaba los terrenos y en un santiamén   se abrazaba a un trébol que estaba jugando en la maceta de mi casa, y empezaban a besarse.

Inmediatamente fui hasta el hormiguero que quedaba cerca de la maceta para ver si las jefas de las hormigas, mis amigas Quinta Sinfonía y Arroz con Leche, habían visto lo ocurrido, pero todas se habían ido de excursión al jardín de mi vecino, así que fui el único testigo del hecho.  

Salí corriendo a contárselo a mi mamá, pero ella no me creyó, diciendo lo de siempre, que me dejara de soñar despierto, y otras cosas por el estilo. Esperé la llegada de mi papá, que como siempre no venía solo porque la noche siempre lo acompañaba, y se lo conté, y él, como siempre, me dijo que parara de leer tantas revistas infantiles y Julio Verne y el Tesoro de la Juventud, que si no, iba a terminar muy mal, o loco o poeta o escritor, me acuerdo que dijo.

No tardó mucho para que mi gran venganza se hiciera realidad, en una otra mañana de un otro día de un otro mes, pero en el mismo jardín y con las mismas palomas y los mismísimos gorriones como testigos, todos deliciosamente embriagados por el inconfundible aroma de los jazmines  y por  la belleza sobrenatural de las multicoloridas mariposas - que mientras bailaban de rama en rama iban  mirando de reojo el panorama - cuando en la misma maceta que antes fuera palco del extraño noviazgo floreció mi verdad en toda su plenitud, porque señoras y señores, el trébol había dado a luz mellizos, lo que confirmaba que todo era verdad, y no pura fantasía. Sí. En la maceta - al lado de la orgullosa madre - estaba la prueba definitiva que me absolvía para siempre:  un trébol lleno de púas y un pequeño cactus de cuatro hojas.
 
Por eso, siempre pregunto ¿qué es la verdad, eh?... A ver...a ver... que cada uno cuente la suya. El último paga la cuenta."