ESPINAS...
Vestidos de ocio decoran mi cuerpo
en aras de vuelo e intenso furor
¿qué importa ceder vomitando por dentro,
si todo éste mundo es del mismo color?
Un hueso muy débil cubierto de espinas:
el arma furiosa que mata al dolor.
¡Juguete infernal!, conmigo caminas
en lodo o arena, con frío o calor.
Tres necios demonios que el alma perforan
me miran, me retan, se ponen enfrente;
retuercen mis piernas y no me perdonan
haberles cortado las manos y dientes.
Ya todo se apaga, la cárcel regresa
la misma de siempre, obtusa y deforme
la piel está ilesa, aunque el hueso confiesa
estar esperando a que la espina retorne.
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