HABLANDO DEL SUEÑO DEL ORCO

Aléjate reflejo de mi impaciente calma;
pequeño recuerdo del insípido roce
zurcido en un oráculo agudo y frío,
que escupe entre risas ícor en mi palma.


Acércate espectro perdido en el goce
e infunde violento tu ardiente brío
en manos de aquél que solemne anda
marchito por suelos que aún no conoce.


Cual orco aturdido que al suelo reclama,
está listo a emitir su insigne ruego,
y pide al final de mares resecos
que aprenda a nadar su etérea llama.