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Nada Solo recuerdo que era
una tarde como cualquier otra, donde las hojas caen de los árboles haciendo
un bello cuadro de melancolía, que se pierde en un cielo lleno de tristeza y
amor, y sin quererlo un aroma rompe con mi tranquilidad envuelta en recuerdos
de algo que no conocía, dándome la sensación de ser libre como el viento,
fugaz como una mirada, tierno como una caricia. A lo lejos esta ella,
tan bella como una princesa, que baila en su cajita musical, sin saber
siquiera que alguien la mira desde un mundo perfecto, donde baila con ella en
un palacio de cristal, siguiendo la música al latir del corazón, ella esta
ahí, sus manos... una acaricia, sus labios... un beso, una mirada, una
sonrisa; un nerviosismo incapaz
de contener que te detiene a seguir amando y a congelar tus labios a nada de
los suyos, y bajo la promesa de volver escondes el miedo de romper aquella princesita, que con una mirada
puede, tocarte, besarte, decirte un te quiero o simplemente matarte, y cuando
regresas y la vez ahí, dando vueltas y vueltas en su cajita, no te atreves a
tocarla ni siquiera a mirarla, no te atreves siquiera a marcharte por saber
que puede pasar, cuando hace falta un par de canciones por cantar. La melancolía se ha
perdido entre la oscuridad de la noche y solo la luna de plata fría es
testigo de tu mirada, de la magia que encierra en beso, del miedo a
romperte...
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