Para no olvidarme

anuncio por palabras (escasa variación sobre un tema de Juan Bonilla)

Se precisa señorita de sonrisa eterna, ojos inmensamente marrones de mirada tierna, pelo muy corto, a lo garçon, piernas largas y dentadura perfecta, (y, a ser posible, leve cicatriz en oreja izquierda, recuerdo de la niñez); de metro setenta de estatura, que curse estudios de segundo de filología francesa, residente en Ronda Garay, 25, segundo D, Murcia. Imprescindible que sea amante de Virgilio y Homero, de Miguel D'Ors y Eloy Sánchez Rosillo entre los modernos. Que cumpla años (pongamos 23) el 8 de febrero. Y que responda a las iniciales S.C.T.

Se le precisa para establecer amistad mágica, conversar de poesía, y también, por qué no, de poéme. Se le propone tomarnos algo en tardes de café y noches de fiesta (hora y lugar a determinar).

Interesadas llamar al 968 25 94 51 o al 968 25 01 31 de 14:00 a 15:00 y de 22:00 a 24:00 horas los días laborables. Recuerdo mi edad, casi 27, que no tengo trabajo ni sueldo fijo. Apenas me da la vida para vivir del cuento, no fumo, bebo con moderación y preparo una tesis. Estoy soltero y sin compromiso.

Se ruega encarecidamente a aquellas interesadas que no superaran todas los requisitos arriba establecidos que no se molesten en llamar de móvil a fijo en horas de trabajo (aunque me halagaría, por qué no decirlo).

varado por el miedo

Me he quedado solo en la playa. Sólo el viento sopla para mí, la arena, las olas, las gaviotas, la basura, los restos del domingo. Mudo, contemplo dichoso el momento. Con la piel ajada todavía te busco. No llegarás, nunca, ya lo sé, mas aquí me tienes, tan puntual como cada primero de Julio. Mas la cobardía me impide llamarte a voces. Aquí te espero, varado por el miedo. Así pues, mi dulce sirena, no me aguardes, no mullas con amor tu almohada para mí, no pongas otro cubierto en la mesa. Porque yo no sé nadar.

Escucho la tormenta en silencio. El sonido que la lluvia sostiene en un constante allegro ma non troppo sería bueno para que celebráramos el amor bajo su tutela, bajo ese insinuante ritmo que nos marca esta noche. Pero no has de venir. Hace años que saliste de mi cama y de mis días. Así que no puedo reclamarte cobijo contra la tormenta.

Tampoco puedo salir a la calle a olvidarte. Principalmente, porque llueve y hace frío, y estas noches son para estar cualquier cosa menos perdido.

Aún ahora que estoy demasiado viejo para el amor, y sólo sirvo para contar leyendas milenarias, para emborracharme con ginebra seca o bourbon, aún hoy no te he olvidado, pues el tiempo ha hecho de ti un personaje de papel. Y permaneces ahí, indeleble el amargo recuerdo de tus senos, el susurro de tus muslos que aún me eriza. Aunque estoy seguro de que ya habrán marchitado, como aquel hermoso poema que cultivé entre tu carne y que algunas noches aún se arropa entre mis sueños.

resignación y ausencia

Vagabundo en mi ciudad, hoy he visitado de nuevo el malecón. Hacía frío, y caían los restos de los árboles. A pesar de que la primavera pretendía mostrarnos su reinado, las nubes se peleaban por tapar esa luz hermosa que apenas unos días ha nos inundaba. El malecón, sucio y triste, nunca volverá a estar como aquella tarde que irradió su luz para nosotros, cuando, felices y únicos, sentimos el feliz aroma del jazmín, del azahar, la huerta y el limonero.

Aún llevo sobre el peso de mis hombros tus dentelladas.

Pero no estás, sin embargo. Y de todo aquello, si acaso, sólo quedarán estos versos.

Voy a ponerme mi mejor traje, los zapatos nuevos, mi mejor chaqueta. Esta noche me voy de fiesta.

Aunque para encontrarnos sea demasiado tarde, vivamos sin la necesidad de cobrarnos peaje.

Hoy, después de tanto viaje, regresas con tus penas a mi carne.

definición de abrazo (variación sobre un título de Aurora Luque)

Durante breves segundos encerrar con él mi universo, lo que de verdad importa. Y que los labios y los miedos nos sirvan de frontera. El beso de frontera sabe a tierra yerma, a compromiso y pacto de trincheras. Prefiero el abrazo, saltar la realidad de vez en cuando, morir en el remanso de tus senos.

Hoy es jueves, día de mercado. Tras mi ventana, una lluvia de coches, la luz de un sol huertano se refleja en la pantalla de mi ordenador y me cuesta horrores escribir, no salir a la calle a pasear, a vivir de esa luz inagotable, a seguir las tendencias de la última moda en los primaverales culos de las muchachas, a brindar con una caña por el spleen de Baudelaire y a adivinar por las camisetas o los calcetines quién disfruta de una beca Erasmus.

Total, ya ves, aquí, echándote de menos. Yo, versando, corrigiendo manuscritos, reseñando, sin ganas de opositar. Tú, corriéndote la juerga en Sevilla. Coño, nena, siempre hubo clases.

amistad mágica

Has apagado la luz, entras en la cama. A pesar de que aún nos inunda la oscuridad sé que me miras impaciente, y tu sonrisa fulge en toda la habitación, llenas con tu luz mi memoria. En ese instante somos únicos, por más que tus hermanas nos echen la puerta abajo buscando unos vaqueros decentes o nos reclamen el desayuno, la cena que se enfría, ¿Habéis visto dónde dejé mi mechero? ¿Qué tal me queda así el pelo? ¿Habeis terminado? ¿Os importa que me meta con vosotros a leer, que me encuentro muy sola? Somos únicos entonces, no atendemos a razones ni a horarios, el compromiso, la poesía social se transforman en tu prisa por llegar, en mi necesidad de dártelo primero. Eso es la vida. Sentirnos mágicos.

Qué poco te exijo. Quédate a mi lado una noche más, otro amanecer.

ansiedad (glosa a Ives de la Roca)

"Este poema será breve, la vida es demasiado corta." Antonio AGUILAR. El otoño encarnado de Ives de la Roca.

Este poema será breve, ella me espera tumbada en la cama con tacones altos y camisón nuevo.

que veinte años no es nada

Es la hora. No has de aguardar más. ¡Clava tu espada sobre la coraza del guerrero vestido en sangre y yacente! Pero nunca mires a los ojos de tu enemigo, pues desconocido te sabrás, y vencido. Y lo que es peor: él también conocerá en ese miedo tu derrota, y vagarás perdido, Aquiles, en el fragor del campo de batalla, buscando el extremo del hilo de las Parcas, anhelando esa Muerte que te huye.

No vengo a pedirte nada. Me gusta sentir en los muslos el mordisco de tu silencio. No quiero que digas nada. Sigue tejiendo, Penélope, el hilo de tu pensamiento.

No vengo a pedirte nada. Sólo un beso. Sólo eso. Y mañana, te lo prometo, me habré ido con mis naves mucho antes del amanecer.

¿Eres tú aquel Ulises Laertíada, el joven general que marchó a Troya al mando de doce naves, al lado de los aqueos, los guerreros de broncíneas corazas? ¿Tú, que has venido a mi casa sucio, harapiento, implorando limosna, invocando en tu nombre a las Parcas? ¿Tú, que para callarme has traído tesoros remotos, cráteras de oro?

Y dime, Ulises, mi amado esposo: ¿Puede tu Fama ahora, puede tu uirtus, puede Atenea, esa de ojos de lechuza, devolvernos con la brisa del Céfiro nuestros veinte años perdidos?

Penélope vela su insomnio tejiendo, Telémaco reina orgulloso en mi puesto, mi padre, el sabio Laertes, ha muerto. Anoche, de nuevo soñé con Calipso. ¿Me he equivocado al volver?

¿Qué hay de la Ítaca que siendo joven dejé? Apenas el divertimento de la caza, subir al templo y contar mis riquezas. Ahora, sólo queda esperar la envidia de los dioses, que Zeus de nuevo me arrastre al piélago, y que Neptuno cumpla por fin su promesa. ¡Oh, verme otra vez envuelto en el vértigo, la incertidumbre de la tempestad, librar la batalla definitiva con el mar!

Anoche, en mi pecho se dibujaba la isla de Ogigia, Calipso besaba mi piel. Me he equivocado al volver.

Despierta, Odiseo. Ya no temas nada. Las sirenas cesaron su canto, te hemos quitado los tapones de cera, las cadenas ya no oprimen tu pecho y ha pasado el efecto de los sedantes. La operación ha sido un desastre. Has perdido mucha sangre en el combate.

Éste es el inicio de otro largo viaje. La ambulancia está frenando. ¡Laertíada, del linaje de Zeus, abre los ojos! ¿No me reconoces? Soy Anticlea, tu madre. Bienvenido al Hades.