Tú, . . . mi droga

          I
Brincaré por el brocal de tu cuerpo
y me perderé en tu río subterráneo.
Nadaré en tus hebras rojas hasta
ese punto donde naces agua,
donde no existe la sed.

          II
Ansío andar tu historia
aprender qué te hace llorar,
qué te produce miedo, vértigo.
De la batuta con que baila tu corazón
el compás.  Y así. . .
sólo códices dulces contigo descifrar.
Ansío con mi piel tu cuerpo caminar.

          III
Para estar dentro de ti
y ser contigo,
nadaré en ese torrente
de los vientres
cuando somos mar;
entrando por tu ombligo
cual vertiente.

          IV
Quiero perecer en tu boca,
en tu garganta volverme loca,
morir así, despacito con tu voz
cuando amándome pronuncias
mi nombre, amor.

          V
Te doy mis soliloquios multiplicados
por nuestras coincidencias.
Y por la metamorfosis de mis saudades. . .
mi cintura, y un nido para tu cardumen.

          VI
Guardaré en mi morral los nubarrones
para que salgan a tu encuentro sólo soles.
Bordaré en tus noches hartas estrellas
y una gorda luna,
para que no camines por ciudades obscuras.

          VII
Quiero untarme la humedad que pinta
tus huellas en esa copa,
libar la miel de tus labios
que sus orillas recorra;
y la exhalación con que la empañas,
atraparla toda.

          VIII
Tu amor me apetece alterar las estaciones,
hoy que tu verano mi otoño recorre.
Florecen en mis palmas
perfectas corolas
para ofrecer en tus inviernos
frutos primogénitos
de primaveras.

          IX
Para cuando nuestros dedos estén entrelazados,
los pies encuerados enredados,
y los muslos torpes, densamente dialogando;
erigirán nuestros vahos
un templo al tiempo,
de cronología ajeno.

          X
No es el suplicio de llegar
al linde de tu piel morena,
es esta larga espera.
Es la enjundia que provocas
cuando amándome la realidad me robas.
Es este deseo de ser
en ti. . .
paso a paso,
tiñéndome la dermis,
cambiando mi historia.
Otorgarte lo que nunca
antes di.

          XI
Busquemos cielo la compatibilidad,
que en un laboratorio nos digan
que no hay duda que nuestros
adentros coincidan.
Sacrificaré entonces mis entrañas
en charola de lunas en un trasplante,
para llenarla de amor cada menguante.

          XII
Porque tú eres en mi madera
la tenacidad del carpintero,
artesano que vierte su amor
en ella con esmero. . .
yo soy sumisión a tus yemas,
dúctil cuando con versos
mi corteza moldeas.
Fruto tuyo al ritmo de tus dedos.

          XIII
Tal vez no soy la que has buscado,
pero soy la que te ha esperado.
Soy la que dibuja en tu rostro la sonrisa
de saberte amado, vida.

          XIV
Yo no puedo amarte de a poquito,
ni fingir que te amo de a ratitos.
Yo no puedo controlar esta avalancha
cuando tu pasión ardiente
el corazón me abrasa.

          XV
No te quiero con los poros,
ni te deseo con los ojos.
Te amo con tuétano de entrañas,
con médula del alma.