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Alicante
Hoy llegaron las aguas de Costa Blanca,
paisaje que el tiempo de la memoria no arranca,
arribaron removiendo en mi corazón arraigos
rastreando en mi alma tus pasos.
Mis lagrimales mojaron esos
tonos azules que pintaron mi nombre,
aquél que dibujaste en la arena
diciéndome deseabas
que el mar a cada recoveco
del mundo me llevara.
Las aguas arrastraron muchas cosas:
nuestras risas envueltas de
dulces brisas, tus te quiero,
aquellos bríos de volar sin rumbo
al sentirnos ajenos ante el
malabarismo del mundo,
el arco iris de tu verdad, las figuras del
caleidoscopio que tu ser paría
y el mío comprendía,
nuestras sienes y almas fundidas,
palpitares de corazones a uno y manos unidas.
Mi garbo que tanto admiras,
alma torre de marfil se ha transformado,
el fulgor de tu fiel sentir
a mi orgullo ha derribado.
Estos otoños te contemplan egoístas,
aguardando sigilosos los desbroces,
porque la ruta a mis entrañas
de memoria la conoces.
En nuestro presente envuelto en bruma
la tinta se me acaba para explicarme,
ya que es más grande que grande
lo que remueve el mar
que hoy me invade.
Y es que al mirarme en tus pupilas esta tarde,
me empaparon las aguas de Alicante.
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