Sigue perdida. . .

Ayer se anunció que habían encontrado la estrella, hoy se confirmó en cadena mundial que era en el suelo un pedazo de lata que en su obscuridad un iluso confundió en la ardua búsqueda. Continúa perdida aquella que guió en suelo de Belén a dos que iban a ser tres. Hombre de pensar sabio que creyó en la lengua femenina. Virgen de vientre deforme, a quien el alarido al parir convertiría no sólo en madre, sino en mujer.

Y la estrella confiada de haber traído al mundo la luz se fue, dejando a una raza de discernir enclenque en manos del fulgor de Dios.

La Luz duró lo que dura un sueño, o el delicioso adulterio. Fugaz, efímera como un éxtasis. Y fue sólo eso, el éxtasis de la humanidad.

Igual que el desgaste físico y mental después del exceso en el orgasmo, esta humanidad ha estado tácita, con fiaca delirando de vez en cuando que la reconciliación ha encontrado; que tienen la estrella en las manos. Espejismos duros, fríos, cortantes como esa hoja de lata que encontró ayer ese pobre diablo. Hoy existen aquellos que el hambre por la luz confiesan, otros con máscaras la niegan, pero todos en tinieblas.

Y sigue la humanidad buscando a esa estrella egoísta que guió momentáneamente hacia la luz a unos cuantos.

Con tumbos salí de entre la multitud esta noche. No, no a buscarte para robarte. Sólo te pido que guíes nuestro horizonte y nos des la luz. No, no la luz azul o amarilla, sino esa en la que no hay colores para que ilumine todas las percepciones. Guíanos hacia la luz perfecta.