TIEMPOS DE ALUCINACIÓN

I

La luz del dicocero lanza destellos

sobre las sombras que se eligen

que se persiguen en el tiempo intacto e inamovible

de las altas jerarquías, en la esfinge de arena

donde se ocultan los endrinos vestidos de brumas blancas

nacido de las semillas del litio

en la añoranza del almicantarat

donde los azarosos campos marmóreos

se desvanecen en el alba dorada

y el céfiro presta ayuda al fuego

que se halla, oblicuo, en las dípticas de los falsarios.

II

 

Proseguid.

Escribid sobre mi piel

los poemas más agonizantes y dolorosos/

que poseáis sobre vuestra incógnita existencia

y dejad que las blancas alas acuáticas

os alcen por encima de las manos huesudas/

como esponjosas estrellas que lloran su desconsuelo

junto a la negra fosa/

donde la lápida es inexistente y no se halla en tierra sagrada

pues es la tumba de los ausentes.//

Mi propia tumba.//

III

 

Cayéronse las cornalinas

a través de sus ladeados cuerpos

entornados hacia la penumbra de una mente delirante

de un grito estremecedor

y la desesperación se escurre filtrándose en las cloacas

donde yacen los cocodrilos blancos

dormidos sobre sus propias mutaciones/

el alba ahogada en las charcas

y los llameantes ojos de la furia se hallan desterrados

con el grito sordo de una impotencia

recluida en hundidos túneles

donde las sangres forman coágulos

en torno a los cuerpos descompuestos.

IV

 

¿Recordáis los ahogados de la noche?

Galopaban en el páramo

añorando otro siglo

cualquier otro lugar

siempre lejano al infierno que estaban

padeciendo/

no admitiendo que un poco más allá/

se hallaba el obscuro abismo

en donde las piedras de sol/

acribillaban sus mutilados cuerpos/

y unos pocos despojos de su desesperación.//

V

 

Se fundieron en la nada

resbalando por el tiempo indultado/

como una diabólica visión del espejo del hombre/

frente a la obscenidad de su destino.//

 

¿Os acordáis de los ahogados de la noche?

Un sueño, una visión.//

 

Soñé abrazado a la más terrible de las pesadillas

yo era un ser inexistente/

no nacido/

y sin embargo oscilaba entre las bóvedas zarcas/

donde vosotros estabais llorando junto a la columna sacra/

no os dabais cuenta como mis versos se destilaban/

y los oboes de fuego daban la sonata de silencio.//

 

VI

 

Las jaurías andan sueltas entre las secuencias de los sueños/

sumo aleteo, que se escucha entre las voces rotas/

con los poemas que jamás fueron leídos

por la voz propia de la penumbra/

de las frágiles tinieblas que el tiempo rompe/

cruzando las crispadas lunas del alma,

infinitos pedazos rotos/

brillante como los rayos que asfixian

mi propia y copulativa garganta.//

 

Un recuerdo imaginario marcha hacia el olvido/

camino de sus celdas, rasgado por mi vergüenza/

a través de las brumas diamantinas

de otra aurora roja de sangre/

que se desborda por la pluma que sostengo indeciso/

cuando las palabras son empujadas al precipicio

y el verdugo espera con el hacha de los templarios/

mientras riachuelos demacrados por la mentira corretean en su entorno.

VII

 

Las lenguas de fuego lamen el cielo oscurecido,

reflejando los caminos por los que andan los subyugados/

penosos prisioneros de la vida

ocultos tras las rocas primogénitas de la era/

donde el dolor es acampanado

y las espaldas cosidas a balas

forman una sola carne/

surco hondo y proliferante de tierra.//

 

 

                            Ruge el sol amarillento.//

VIII

 

Ofendieron al nadir

sostenido por el sonido del cálamo/

renaciendo las aras del sacrificio/

y los ópalos sangraban,

a través de las fuertes dunas de aire.//

 

 

Recuerdos vagos de una asustada niñez/

presencias intocables y huidizos fantasmas

que no se borraron de nuestro letal pensamiento,

por el contrario, volvieron de la oscura laguna/

donde mi cuerpo, intermitente, desapareció.//

 

Acaso, ¿no hace miles de años que nos conocimos?

entre el rayo y el sonoro trueno

que deshizo las luminosas montañas

y nació nuestro amor.//

 

IX

 

Un territorio árido cubierto de horribles monstruos

expulsaban a través de sus narices/

la acidez congénita de nuestros hermanos.//

 

De nuevo, otro sueño, otra visión del tiempo inalterable.//

 

La noche se destrozó en pedazos al final del abismo/

después de un largo y penoso existir/

de observar muertes sin razón y a cualquier hora/

y mi propio yo se adentró en el bosque.//

 

¿Recuerdas?

 

Entre el olor a hierba y húmedos olmos,

se reflejaba tu tez pálida en la luna, o tal vez,

era la luna quien se reflejaba en ti/

y anduvimos con el temor de que las bestias ciclópeas

se abalanzaran sobre nuestros cuerpos/

por el pequeño sendero que nos conducía a los eternos cipreses.//

Las aves emigraban hacia el sur

y el polvo de estrellas, que más tarde te vistió,

todo, todo daba vueltas por encima de nuestras cabezas.//

 

POST ESCRITUM

 

Las estrellas se clavaron en mis huesos

mientras huía por el valle/

que tus labios incendiaron hace miles de años

y tus ojos destilaron profundos secretos

sobre el pestilente paraíso/

fundado por las almas del miedo/

que desenterraban sacrílegas estatuas.//

 

Marchamos hacia el Gran Sueño/

a través de los montes de múltiples laderas/

por las pequeñas sendas

donde se acuesta la fragmentada luna/

tras los recuerdos de los muchos días del ayer/

de salinas y tierras ensangrentadas,

que de pronto salieron de su obscuridad/

abofeteándome el interior de mi cuerpo/

sumergiéndome en espantosos delirios/

en largas agonías que precedieron al destierro de mis versos/

de mis palabras sentenciadas sin juicio/

y mi cuerpo desahuciado de la vida.//

Aún ahora puedo ver los árboles convertidos en flageladas antorchas.//