MADRIGAL

José Manuel Torres Santiago

No quiero comparar tu cuerpo

con la Venus de Milo,

ni tus olores con los olores

de los Jardines Colgantes de Babilonia,

ni tus ojos

con las ojivas de la iglesia de San Patricio

en Nueva York,

pues no hay diosa de mármol

que ondule como tú,

que vibre como tú,

que grite como tú,

ni flor

que arome como tú,

ni perfume

que exhale como tú,

ni ojivas

como los arcos de tus ojos,

ni iglesia como tu cuerpo,

que ame como tú,

que copule como tú,

cuando en las suaves olas de las sábanas

nos abrazamos en tiempo de huracán.