MADRIGAL No quiero comparar tu cuerpo con la Venus de Milo, ni tus olores con los olores de los Jardines Colgantes de Babilonia, ni tus ojos con las ojivas de la iglesia de San Patricio en Nueva York, pues no hay diosa de mármol que ondule como tú, que vibre como tú, que grite como tú, ni flor que arome como tú, ni perfume que exhale como tú, ni ojivas como los arcos de tus ojos, ni iglesia como tu cuerpo, que ame como tú, que copule como tú, cuando en las suaves olas de las sábanas nos abrazamos en tiempo de huracán. |