EROTICA

Wenceslao Serra Deliz

Ganas de comerte

a través de la inmensa geografía

y me asombro y no me quejo

porque estas células se juntaron para eso

entre otras dilatadas cosas

con hambre de tu nombre

por el oscuro silencio

donde se organiza el ser

que vamos siendo

en movimiento relámpago de suspiro hacia la nada.

 

Sé que las manos se juntan

con sabor de soledad que se completa

cotejan sus dedos

la piel que las une y las separa

saboreando calendarios de futuro.

 

Aprieto el alma

como un hombre feliz

que no quiere que lo perdonen

en esta noche que inventamos

el cotidiano amor que no se ha hecho

aunque se diga así con las palabras

esas mismas de decir estoy contigo

por los genitivos susurrados entre orejas

para que seamos solitos de nosotros.

 

En tu boca comenzamos a mirarnos

por dentro de la piel que nos limita

y la sierpelengua repta oscura su prehistoria

por un pantano de humedades cariñosas,

estira con dolor su mojado rectángulo de carne

atravesando inquietudes pluriformes

por ese inicial espacio

donde asoman su asombro las palabras...

En este universo de encontradas direcciones

subo a tu pecho que exhibe un corazón adentro

y regreso caníbal a tus carnes

con ese seno desbordándome la boca

bajo el aymás que suena por la sombra

para mi lengua antropófaga de pieles y palabras

que te pide subas a mis piernas

 

a continuar primaria un viejo rito

de carne erecta que se asombra

al entrar en tu boca como un templo

de serio placer en comunión de éxtasis perfecto

con tu silueta fantasmal aproximada

a esta reunión de venas henchidas y misterios

que palpan una sentida historia

en un susurrante homenaje de raíces por la noche

para ver el borde del placer que se aproxima

como una marea profunda que sale de los huesos

y que los dos queremos no queremos detenerla.

 

Me salgo entonces abruptamente de esa boca

que se queda sorprendida, inhabitada

en busca incesante de la mía

que la retoma en paroxismo chispeante

podría decirse de agonía

en ese momento en que exiges suave ahora

con ella misma

con el genital y suave movimiento sabio de tus manos

para ponerme en el centro preciso de tu cuerpo

en ese profundo altar trepidante ya de líquido misterio

al cual penetro a fundar otra vez la vía láctea

mordiendo tu cuello mirando tu éxtasis perfecto

de santateresa de cara lunar de ojos tan abiertos

con tu pelo yerbamora que acuna suavemente

este sonoro y estridental silencio

que se vacía entero en el fondo impenetrable de tu cuerpo

para ahogarnos en el fuego inverso del orgasmo

y llegar de regreso como siempre

a otro calendario en otro tiempo...

 

Ahora ya somos casi la arena

de ese mar que la canción aquella nos decía

en el preciso umbral de tus múltiples caderas.

Nos miramos solos como si algo hubiésemos perdido

que yo quiero retener fugaz antes del sueño.

Será por eso que te despido sobre el lecho

con la cruz de un triple y abundoso beso

sobre el grávido desborde de tu boca

y esos dos senos que triunfan en silencio

sobre el seguro, sabio, tierno borde

de esa emoción que aún te juega por el pecho...