TRAE TU MANO Trae tu mano antes que la madrugada del sueño se me apriete en los ojos, antes de que los hombres dedicados al oficio de escudriñar mi vida se valgan de mis versos para decir de mí lo que no he hecho, lo que jamás he sido. Porque he hecho para ti estrellas trazando mis canciones en la arena y he vigilado al mar de cerca para que no las borre, trae tu mano a mi vida, por los herrumbres de mi voz, por los canales de mis huesos. Porque he sacado risa de la salada sombra y he roto con mi verbo el silencio de cal en las paredes bordeando tus tres sílabas, tu nombre en la hoja del día, trae tu mano, arropa mi pregunta entrecortada con tus pequeños dedos. No sea que la muerte nos sorprenda, no sea que el puma oculto, agazapado, se desplace triunfal sobre nuestras pisadas paralelas y ajenas. No sea que nuestros nombres con grandes alaridos inaudibles sucumban en veredas y caminos, rígida, dolorosamente torcidos por la falta de luz. No sea que en la desmesurada violencia del siglo que habitamos los carniceros corten nuestra íntima caricia para servirla en el salón fastuoso de los grandes banquetes. Trae tu mano, tu cálida, menuda, amante mano, tu rosa a cinco pétalos, tu sangre a cinco fuelles para tibiar mi ser falange adentro. Trae tu mano y escribe tú mi corta, mi verdadera biografía al calce y en el margen y hasta en mi propio cuerpo. Antes que el filo exacto con que se afeita el tiempo corte el hilo amoroso, antes de que la madrugada del sueño apunte mi mirada hacia el olvido. |