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LA SARTA DE PERLAS
La lluvia me avisa
la hora de los recuerdos.
Son las tres de la tarde
y siempre a esta hora llueve.
Oigo las gotas sobre el tejado,
unas veces rápidas, en caravana,
que parecen llenar las hondonadas
de mis espacios solitarios.
Otras, lentas y cadenciosas,
susurran canciones de cuna
en los recovecos de mi historia.
Una vez creí que ya no llovería
y casi me pierdo por dentro.
Saqué las manos, tímida...
Dos gotas, como canicas,
las rebosaron...
Y la lluvia se convirtió en perlas
que adornaron mis horas.
Después, no sé que pasó.
La lluvia cesó.
Sólo quedaron, sudando,
las canaletas que vienen de los techos
y -afuera-
un árbol casi sin hojas,
que tenía en la punta de sus ramas
una sarta de perlas.
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