Soneto a Tu Voz

Tenía la misma voz,
Suave como una seda aterciopelada
en un murmullo de silencio.
Acariciaba mi oído. Lo arrullaba.

Mas que su voz, era su vibración.
Fue el mayor placer que un oído escuchó.
No era prodigiosa, pero era la Voz.
Hasta los cilios adormecían al ver pasar sus ondas sonoras.

Aquel sonido nunca existió.
Su voz blanca y tenue me transportó,
Era el frescor y la espuma, el susurro de Dios.

Creo que al volver a oírlo
mi corazón no pudo, se paró.
Quede extasiado por el sonido que nunca existió. Tu voz.