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TREINTA AÑOS FUERON
Treinta es sólo un número y el tiempo es implacable, lo sabemos. Aunque conocí unos pocos, déjame llorar por todos ellos. Supe de capuchas que escondían rostros porque los cobardes no podían ni mirarlos a los ojos. De silencios degradantes, obligados y de cuerpos arrastrados. Supe de ninfas brutales, asesinas, convertidas en frágiles libélulas, que desaparecían sueños pensando que la muerte si es anónima, duele menos. Pero no pudieron callar a los hijos que parían en su encierro. Ni silenciar los grilletes que anunciaban el traslado a las sesiones de infierno. Algunos conocían los hechos, miraban horizontes sin sol y barriendo bajo la alfombra pensaban: algo habrán echo. Qué triste que es el silencio cuando lo gobierna el miedo, porque te hace cómplice aún sin saberlo. Treinta años fueron... |