La conciencia 

 

                   Suele aparecer sin que lo proponga

como el viejo rostro que he visto una vez

por veces silente y otras con bombardas

sé que ha ocurrido, pero no quien fue.

 

Recuerdo su frente, su mirada clara

no tiene delante y tampoco atrás,

me esfuerzo en vano por saber su nombre

sé que ha ocurrido, pero nunca donde.

 

Por veces de adorno se cuelga palabras

que de tanto uso se vuelven ajadas,

con su moralina de efecto cosmético

me aturde hasta el punto de volverme ecléctico.

 

Aclara las ropas si el cielo está oscuro

alarga las faldas si quiero ver muslos,

se acomoda el pelo con mucha prudencia

                   y dice amoldarse a mi conveniencia.

 

Me roba el paisaje, apura mi marcha

me viste de gala para postergar,

se aferra a mi brazo como lazarillo

dejando el abismo en señal de amistad.

 

Qué sería de mi si ella no existiera

quién definiría en mis encrucijadas,

quién me invitaría a retroceder,

dar un paso atrás y esperar mañanas…