Como la caracola

  

La vieja caracola

de la playa olvidada

aún guarda las palabras

de su paterno mar.

 

La acarician las olas

nerviosas, persistentes

y en cada marejada

se deja arrastrar.

 

Sus rutilantes rojos,

sus blancos de marfil

con el paso del tiempo,

se acercan a su fin.

 

Delicados contornos

              con bordes aguzados,

se erosionan pasivos,

se dejan consumir.

 

 

Como la caracola,

hay días en que siento

que la vida me arrastra

y no tengo adonde  ir.