ESPERO…
Cuando irrumpe la
tristeza en mi morada, latente, eterna,
inoportuna, reacciono en forma
impensada, como el tozudo y milenario
bosque tantas veces arrasado por
el fuego, ofreciendo manos desnudas
por los años y esperanzadas palmas,
como brotes nuevos. Intento desandar ese
camino que recorre la pequeña
criatura incapaz de cambiar su
destino, creyendo que sus pasos son
seguros que conducen sin duda al
objetivo, de aspecto primitivo y
ojos oscuros, que impiden el recuerdo
hasta el olvido. Es que sabiendo de todas
estas vidas pero sin disimular tantas
otras muertes, espero simples e intuidas
alegrías, efímeras en tiempo,
suficientes, plagadas de miradas
afectuosas, racimos de sonrisas
contundentes, que la marea deja en la
playa de mi suerte. Porque al final, la
esperanza es la simiente capaz de fecundar el alma
yerma, aferra a una palabra que
acompaña, hace sentir que algo es
para siempre, da perennidad a un hombre
vivo. Que espera, cueste lo que
cueste, aunque
digan que todo está perdido. |