|
Pautas Ud. nace sin armas, desprovisto de todo. A la espera del
prójimo y de quien lo
amamanta. Ud. repite gestos, muecas y de algún
modo trata de agradar, a quien le dá
gustoso. Pero el niño que
crece, reconoce distancias y hasta con sus
juguetes impone normas,
trueques ... Pasando el tiempo, al
tiempo la historia se repite y en cuanto a Ud. le
piden, espera lo que dicen. Pero el momento es
uno y uno es el que
ofrece, aguardando algún
gesto, tal vez una
respuesta. Sigue pasando el
tiempo recordando los
hechos, cargando en su
mochila el temor a hacerlo. Y cuando Ud. ya cree que todo está
resuelto, comienza el nuevo
cuento y todo es un
recuerdo. Ya siendo adulto y
serio, Ud. cree saber que ya no hay
secretos. Que la verdad es tan
sólo saber dar los
afectos. Depende si es certero y también, de algún
modo, que no siempre la
flecha se lanza a su
criterio. Por fin Ud. decide que levantar los
brazos ya no tiene sentido. Y cuando Ud. los
baja, quizás por el
destino, recibe lo esperado sin haberlo pedido. |