Pautas

 

Ud. nace sin armas,

desprovisto de todo.

A la espera del prójimo

y de quien lo amamanta.

Ud. repite gestos,

muecas y de algún modo

trata de agradar,

a quien le dá gustoso.

Pero el niño que crece,

reconoce distancias

y hasta con sus juguetes

impone normas, trueques ...

Pasando el tiempo, al tiempo

la historia se repite

y en cuanto a Ud. le piden,

espera lo que dicen.

Pero el momento es uno

y uno es el que ofrece,

aguardando algún gesto,

tal vez una respuesta.

Sigue pasando el tiempo

recordando los hechos,

cargando en su mochila

el temor a hacerlo.

Y cuando Ud. ya cree

que todo está resuelto,

comienza el nuevo cuento

y todo es un recuerdo.

Ya siendo adulto y serio,

Ud. cree saber

que ya no hay secretos.

Que la verdad es tan sólo

saber dar los afectos.

Depende si es certero

y también, de algún modo,

que no siempre la flecha

se lanza a su criterio.

Por fin Ud. decide

que levantar los brazos

ya no tiene sentido.

Y cuando Ud. los baja,

quizás por el destino,

recibe lo esperado

sin haberlo pedido.