Rayo de vida

  

Penetraba de manera casi imperceptible

y calladamente,

antes de que te dieras cuenta

te señalaba con su lanza

infinita y etérea.

Ya eras su víctima y no podías

correr, avanzar, retroceder.

Menos aún, tratar de vencerlo,

ya todo era en vano ...

Pero no era así todos los días,

había momentos en que deseabas que volviera.

Lo esperabas casi abrazado a tu ventana,

mientras que cada una de tus células se nutrían de él.

Sonreías y te sentías,

si bien no del todo, mucho más feliz.

 

Recuerdas ...? Hoy lo espero.