Funámbulo 

 

 

Yo no perfumé la flor

pero me agrada su olor,

la eternidad y el silencio

que dá la paz de un color.

 

Y así llegué a adorar

el sereno movimiento,

que produce al caminar

el encuentro con el viento.

 

Al fin pude galopar

en el caballo del sueño,

que a pesar de tener alas

no sabía aún volar.

 

Así persigo a aquel duende

y al viejo grito callado,

dibujando,

el delicado equilibrio con mi pasado.