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Funámbulo Yo no perfumé la flor pero me agrada su
olor, la eternidad y el
silencio que dá la paz de un
color. Y así llegué a adorar
el sereno movimiento, que produce al
caminar el encuentro con el
viento. Al fin pude galopar en el caballo del
sueño, que a pesar de tener
alas no sabía aún volar. Así persigo a aquel
duende y al viejo grito
callado, dibujando, el delicado
equilibrio con mi pasado. |