ELLOS

 

  

Me cuesta entender que en las mañanas

puedan mirarse en los espejos,

peinando con cuidado mentiras y artimañas

esgrimiendo muecas de honradez para llegar a viejos.

 

 

Acicalan al detalle sus defectos

ocultándolos con traje y corbata al tono,

dan un guiño al salir sintiéndose perfectos

dejando por sentado que por ellos no pasó el otoño.

 

 

Considero que son elementos de avería

aferrados a un móvil telefónico,

cuando notan que están sin batería

caen en desazón o en un cuadro abandónico.

 

 

Pese a todo en el tema espiritual

siempre adoptan la plegaria mahometana,

suplicando un aumento en la cuota de poder

o un bonus, para repartir promesas vanas.

 

 

Creen que alcanzan el cielo con las manos

o que el piso se eleva bajo sus pies,

son pastores del conflicto universal:

dinamitan el dique para poder regar.

 

 

Convencidos de que el mundo es de ellos

sienten que navegan el mar de los aciertos,

cuando caen en rachas borrascosas:

la culpa la lleva esa gentuza que huele a estiércol.