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Seguramente Seguramente, que todo comenzó con una flor, una mano ofrecida, promesas, esperanzas y un poco de temor. Sospechas no fundadas, palabras de ternura, citas, encuentros. T e espero en la mañana. Te espero en la mañana... Casi sin duda, que todo se inició con buena voluntad, sin ánimo de herir. Deseando el intento de algo que no buscó. Y luego, paso a paso, sin límites ni espacios, se entregaron sin ser vistos. Sin gestos simulados, con silencios provocados y quejidos imprevistos. Al saludo inicial, casi premeditado, le siguieron las horas de anhelos consumados. Transcurrieron los días con momentos prolongados.
Pero cuando hizo preguntas, te quedaste
callado. Recibiste
respuestas, sin haber preguntado. Y ese día,
cuando te miró a los ojos, cometiste el
error, de reparar en sus labios ... |