Seguramente

 

 Seguramente,

que todo comenzó con una flor,

una mano ofrecida,

promesas, esperanzas

y un poco de temor.

 

 

Sospechas no fundadas,

palabras de ternura,

citas, encuentros.

T e espero en la mañana.

Te espero en la mañana...

 

 

Casi sin duda, que todo se inició

con buena voluntad,

sin ánimo de herir.

Deseando el intento

de algo que no buscó.

 

 

Y luego, paso a paso,

sin límites ni espacios,

se entregaron sin ser vistos.

Sin gestos simulados,

con silencios provocados y quejidos imprevistos.

 

 

Al saludo inicial, casi premeditado,

le siguieron las horas

de anhelos consumados.

Transcurrieron los días

con momentos prolongados.

 

 

                            Pero cuando hizo preguntas,

    te quedaste callado.

    Recibiste respuestas, sin haber preguntado.

    Y ese día, cuando te miró a los ojos,

    cometiste el error, de reparar en sus labios ...