|
La parca Debo
aceptar que nunca intenté ni por un
momento ganar su confianza. Ni por un
instante he pensado en ella, seguramente
que por ignorancia. Que muchos
contaron de haberla cruzado con pocos
detalles, de modo impreciso. Que andaba
de lado, con paso pausado sin decir
palabra, de aspecto huidizo. Las
comadres gordas sabían de ella y si la
veían, cerraban sus puertas. Las damas
devotas, cuando la encontraban sólo
santiguaban y daban la vuelta. Los hombres, por hombres y por
circunspectos tomaban
distancia guardando el temor. Cambiando
su paso, bajando la vista prudentes y
serios, mostrando respeto. Hasta el
viejo perro del vecino viejo escondía su
rabo y no quería consejos. Cuando
aparecía sin aviso previo, clavando
sus ojos sin un pestañeo. Fue
entonces, que liando cabos recordé
preguntas que ese niño hacía. Que porqué
se iban los que más quería sin motivo
alguno y nunca volvían ... |