La parca

 

 

Debo aceptar que nunca intenté

 

ni por un momento ganar su confianza.

 

Ni por un instante he pensado en ella,

 

seguramente que por ignorancia.

 

 

Que muchos contaron de haberla cruzado

 

con pocos detalles, de modo impreciso.

 

Que andaba de lado, con paso pausado

 

sin decir palabra, de aspecto huidizo.

 

  

Las comadres gordas sabían de ella

 

y si la veían, cerraban sus puertas.

 

Las damas devotas, cuando la encontraban

 

sólo santiguaban y daban la vuelta.

 

 

 Los hombres, por hombres y por circunspectos

 

tomaban distancia guardando el temor.

 

Cambiando su paso, bajando la vista

 

prudentes y serios, mostrando respeto.

 

 

Hasta el viejo perro del vecino viejo

 

escondía su rabo y no quería consejos.

 

Cuando aparecía sin aviso previo,

 

clavando sus ojos sin un pestañeo.

 

                       Fue entonces, que liando cabos

 

recordé preguntas que ese niño hacía.

 

Que porqué se iban los que más quería

 

sin motivo alguno y nunca volvían ...