El viejo
Larsen
Ya hace tiempo estoy notando
que he perdido el deseo de subir a mi
chalupa. Que no reparo en sus cabos y su
ancla, por su estado
me hace ver que no navega, deriva como
bogando. El espinel y el trasmallo, esperan en
la buchaca oxidados y olvidados, por hastío y por
falta de esperanza. Últimamente ha cambiado de aspecto y ya
reclama que atienda a sus heridas, para evitar
hacer agua. No hace más que exigirme respuestas a
sus pedidos, que no es bueno estar postrada,
escorada en la playa. Que extraña las caricias de la brisa en
las mañanas y ya no escucha la música de los remos
sobre el agua. Pero no sabe, no entiende y tampoco le
he explicado que el dolor en mis muñecas ha
entumecido mis manos, que mis fuerzas ya no logran poner proa
a la rompiente, sin duda llegó el momento de que
hablemos seriamente. Me recuerdo acunado por sus brazos de
nodriza, bajo atardeceres tibios de la pequeña
bahía, en una mano la línea y la otra acariciando su
borda, derivando sin destino, esquivando las
restingas. como tus viejos herrajes, por el
salitre herrumbrados. Tomamos como costumbre, cobijarnos con pasado
y viviendo de recuerdos, hemos quedado varados. Ves esa puesta de sol, ese horizonte, el lucero...?
creo que es el momento de iniciar el derrotero. Sopla ya el viento norte, que nos aleja de tierra navega, que voy contigo, hallaremos un
lugar antes de que amanezca... |