El viejo Larsen

Ya hace tiempo estoy notando

que he perdido el deseo de subir a mi chalupa.

Que no reparo en sus cabos y su ancla, por su estado

me hace ver que no navega, deriva como bogando.

 

 

El espinel y el trasmallo, esperan en la buchaca

oxidados y olvidados, por hastío y por falta de esperanza.

Últimamente ha cambiado de aspecto y ya reclama

que atienda a sus heridas, para evitar hacer agua.

 

 

No hace más que exigirme respuestas a sus pedidos,

que no es bueno estar postrada, escorada en la playa.

Que extraña las caricias de la brisa en las mañanas

y ya no escucha la música de los remos sobre el agua.

 

 

Pero no sabe, no entiende y tampoco le he explicado

que el dolor en mis muñecas ha entumecido mis manos,

que mis fuerzas ya no logran poner proa a la rompiente,

sin duda llegó el momento de que hablemos seriamente.

 

 

 

Me recuerdo acunado por sus brazos de nodriza,

bajo atardeceres tibios de la pequeña bahía,

en una mano la línea y la otra acariciando su borda,

derivando sin destino, esquivando las restingas.

 

 

Yo soy el mismo vikingo, pero mucho más ajado,

como tus viejos herrajes, por el salitre herrumbrados.

Tomamos como costumbre, cobijarnos con pasado

y viviendo de recuerdos, hemos quedado varados.

 

 

Ves esa puesta de sol, ese horizonte, el lucero...?

creo que es el momento de iniciar el derrotero.

Sopla ya el viento norte, que nos aleja de tierra

navega, que voy contigo, hallaremos un lugar antes de que amanezca...