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“Viaje al Sur” Acostumbrábamos a hacerlo siempre de la misma manera, a caer en los mismos absurdos. Esos momentos no conducían a nada. Pero sí nos proyectaban al peor, al más corrupto y aborrecible
abismo: El de los hombres... El autor. CAPITULO 1 Desde pequeño me detuve a observar las
diferentes especies animales, que invariablemente y una vez al año, se iban
de mi vista y me dejaban cierta sensación de tristeza. Sensación de la que me repuse, cuando comprendí que esa conducta era cíclica y sistemática, que había un determinismo cromosómico que las llevaba a repetir esas migraciones periódicas y puntuales. Esos éxodos estacionales abarcaban a
todas las especies migratorias y la tristeza de la ida, rápidamente era
revertida por la alegría del regreso. Damas ampulosas como las cigüeñas; lunares inquietos en el cielo azul como las golondrinas , las anguilas huidizas en las desembocaduras de los ríos...... Siempre volvían a diferentes áreas de
la misma región, sin importar si el punto del regreso se modificaba en
algunos kilómetros. Pero de todos ellos, hubo un pez que
llamó siempre mi atención, por la precisión de su regreso. En efecto, el salmón sabe que su
destino es partir, aún pequeño, hacia mares desconocidos que ocultan peligros
y acechanzas. Parece no querer echar raíces, que debe
nutrirse de situaciones extrañas y por veces dolorosas para poder crecer. Al iniciar su viaje, sólo lo hace
evidente por su posterior ausencia, dejando la sensación de no querer llevar
recuerdos, para no lamentar luego haberlos cargado en su memoria. Ya ausente, se produce un silencio muy
particular, como si el paisaje tuviera la carencia de un color, como si el
agua del torrente enmudeciera, como si el viento no quisiera ejecutar las
delicadas arpas ofrecidas por los pinos... Luego supe que en realidad echa raíces,
tan importantes y profundas, que ha pesar de la distancia, sigue anclado a
sus orígenes. Con la misma fortaleza que muestra el viejo roble, aferrado a
la tierra que le dio vida. Por eso en su partida, lleva muy
claro el camino del regreso, aunque no lo tenga presente hasta que se
produce. Y en ese regreso, está implícito el
encuentro con el mismo recodo, del mismo meandro, del mismo río que lo vio
nacer. Aunque interfieran saltos de agua,
remolinos desconcertantes o penosas pendientes de montañas; no detiene su
escalada, como respondiendo a un llamado... Y fue la conducta migratoria particular
del salmón, la que me llevó en forma natural, a parangonarla con la del
emigrante gallego. A diferencia de muchos otros
emigrantes, que no piensan en su regreso; el natural de Galicia, acopia en el
hórreo de sus recuerdos, lo cotidiano de su tierra, de sus gentes y de su
cultura. A punto tal, retro-alimenta su memoria en el destierro, que sus recuerdos terminan siendo más bellos que sus propias vivencias. Su plato recordado de comida, es más
sabroso que el que comía realmente en su aldea; el paisaje grabado en su
retina, es más bello que el que veía a diario; su costa añorada, se tiñe con
un mar más azul que en la realidad. Pero más allá del imaginario individual, como el salmón, tiene presente
el camino del regreso al mismo paisaje, de la misma aldea que lo vio nacer . Como si genéticamente determinado,
estuviera signado a responder a ese llamado ancestral... |