LOS NIÑOS DEL HAMBRE

 

¿Quién os ha aterrorizado el rostro, hasta haceros cambiar vuestra semblanza infantil?

 

¿Quién os ha desfavorecido robándoos la alegría de vuestra expresión infinita?

 

Agua clara y sonora de todas las torrenteras de la tierra...

 

De todos esos lagos diminutos y azules bendecidos por el cielo...

 

¡Nada puede ocultarme vuestras desangeladas tristezas., mimos remilgados de llantos y de hombres; de colmadas miserias y de cruentos abatimientos... Carne de criaturas martirizadas; flácidas y ventrudas; protuberantes en señal de desnutrición...

 

Escupitajos de Satán con adicciones de maleficios ocultos y de infectos detritus...

 

Todos ellos componen la lacerada y dramática miseria esos niños del Mundo...

 

De esos niños abandonados y desprotegidos por esta misma sociedad a la que pertenecen.

 

Por esta misma sociedad a la que todos nosotros pertenecemos.

 

¡No!  ¡Que no quiero verlos! ¡No quiero contemplar imágenes panzudas sin alientos de vida ! de cuerpos escuálidos  rendidos por la flaqueza.

 

         Ya está bien de reportajes televisivos y de panorámicas espeluznantes.- A pesar de todo ese proseguimiento inmente en la humanidad.,  siguen atormentados los niños del Mundo ante su fatídico Destino.

 

Ante esa actitud despectiva del tiempo y de los hombres... Nunca estas criaturas sintieron en sus labios la afloración de una sonrisa, ni aún siquiera el abrazo palpitante de la Madre...

 

Jamás supieron nunca de ése Mundo-Azul de fantasía ., como de los imaginativos y dorados cuentos de los siete enanitos o de aquellos otros de princesas con pamelas y de vestidos orientales.

 

Ni aún tampoco de grande, sintieron la pasión redivida del Amor donde suelen improvisarse todos los besos con todos los engreimientos del Alma.

 

         ¡Madres del mundo! Si algún día os inclináis sobre la cunita, y besáis a vuestros hijos que duermen., pensad en esos otros niños sin lecho ni comida...

 

También yo seguiré pensando, en tantos poderosos de esta vida que siguen intespectivos o indolentes.