MUERTE Y RESURGIMIENTO DEL POETA

 

El poeta, se lamenta del entorno de su Vida... Se siente enfermo. Todo se le muestra triste y caduco. La psicosis procesal que padece su cerebro, se ha apoderado de su espíritu radiante de Poeta:

Todo le resulta maltrecho y cambiante: Las  flores y el mar; las mujeres y el arte; los pájaros y el color de los cielos; la alegría del agua cantarina y corretona; la gracia en la risa de los niños; el sol naciente reverberando estaños plateados; las rosas tentadas por el rocío y cosechando lágrimas de cristal para embellecer el Mundo; el grandioso acontecer de “ Las Tres Gracias “ , idílico y sensual en su exhibiente anatomía.

 

¡ Toda..!

 

¡  Toda la grandeza del espíritu se empequeñece y ensombréa psíquicamente ante la enfermedad !.

Es por esos entonces, que el Poeta ha perdido el Sol de su Alumbramiento.

 

Invadido sobremanera por el tedio, el poeta desfallece y muere: Su Alma llegó a entenebrecerse para siempre, y, sus versos, fuera de la idolatría del placer íntimo, quedan sujetos al seno de un camarín de oro, y, como a la espera de nuevos espíritus selectos, aguardan que otras manos pudieran alcanzarlo.

Menos mal que siempre surge la idílica nascencia de nuevos valores; pues de no ser así, la sublimidad mística del Genio, no contaría para nada entre nosotros.

De ahí que de nuevo vuelva a sorprendernos la poesía lírica haciéndonos elevar nuestros pobres corazones hacia otras regiones y parajes, donde cantan las alondras en un mágico amanecer del Sol de la mañana.

En ese estado universal de vida, el Poeta se maravilla y canta, su eterna canción a que nos tiene acostumbrado: Música del cielo con sonidos de un misterio alucinante.

 

La canción poética consigue embriagar el Alma, y sublimarla en un encanto inexplicable.

 

El Poeta es, aquel que canta y que llora las sensaciones del Mundo de los humanos y de la belleza de las cosas.

 

También las miserias dolientes, y la sutileza de nuevos amores perdidos y encontrados.

 

TODOS LOS PUEBLOS Y LUGARES DE LA TIERRA necesitan de ese discurrir de la poesía: Cielo opaco en parte, y por el cual no dejan verse las estrellas.

De aquí que nuestros sentimientos se afinen, y sigamos siendo más afectivos y humanos.