CONTESTACION A UNA
MISIVA DE DON DIEGO ROMERO PÉREZ Déjame que beba el agua de esta fuente mía., y
que luego sea ella quien revele el signo nativo de mi propia procedencia...
Ese aire que se renueva y se diluye., y que luego dejará de ser mío cuando yo
me muera. Parece brindarme u un olor inconfuso
a Tierra-Madre. A este pueblo que a sabiendas pediría
llevármelo conmigo. Quisiera en mi postrero día aplicasen un hierro
candente a mi cadáver que dejara patente la raíz de mi naturaleza. Así no vacilaría nadie de nada... De que soy Valverdeño legítimo desde la primera estirpe... Desde que
Facanias se hizo ventero y arriero de récuas.- No fue aquella mi época., pero si el
desprendimiento de una continuación física en lo humano. De aquellos entonces
derivo yo hacia la ley de mi orgullo: Soy
Valverdeño, como el agua del río que entrara
en el mar... Siempre común y única., inconfundible con serlo hasta los
últimos destellos del sol de mi vida:, siempre aureolante y fúrgida como ascua
de fragua:, como gerente perpetuo de mi escudo. Nunca tuve creencia en la metafísica de lo
reversible. Pero sí sería osado y hasta bonito., volverse crisálida y luego
mariposa... todo dependiera de esa gran proeza en el misterio de lo
incognoscible; con el agrio del limón, he querido borrar la idea hacia otras
cosas que no fueran mí pueblo. En ello residen los polos de mi existencia:
Norte., sur., y en el centro Valverde y yo como dos puntos inconfundidos: Los dos en una verticalidad perpetua y de
cara a la eternidad. Yo aprendí a amar en el verde de sus pinares, y
a otear en el espacio, desde “ EL CABEZO DE LOS MOLINOS “:, FUENTE
BLANCA en el recorte diminuto de su valle., y el remanso de cristal purísimo
y acuoso de nuestra “ FUENTE DEL
BERECILLO “. Cuando nací criatura., aspiré el resumo de este
viejo lugar:, y, ebrio más tarde de mi pasión de
origen quedé dormido plácidamente en la fantasía de mi borrachera de
origen... Es Valverde mi traje de sastre de lo que nunca rehuí en ponerme. Aprendí a amar y seguir amando para continuar
amando hasta los últimos confines de mi sino: quiero conservar el cariño
riguroso hacia mi pueblo: No más que esto:,
solamente esto, me basta para el mantenimiento de mi felicidad., de ese trozo
de felicidad fragmentada y única que a veces suele regalar el capricho de un
destino. Por eso sin morirme me duermo en la pura nobleza de mi fantasía... Y
mi pueblo., mas grande y hermoso: Hecho de luz clara
de día., y de noche., hecho de luceros. De ahí que más furja
mi cariño... Mi cariño de hechizado hasta en los más penosos declives de mi
vida.. |