Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido


El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido fue creado por el Real Decreto del 16 de agosto de 1918. El parque nacional se amplía y reclasifica bajo el nombre de Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido por ley el 13 de julio de 1982.

Su ubicación

El parque se encuentra en el norte de la provincia de Huesca, en pleno corazón del Pirineo axial. El área protegida ocupa una gran depresión de origen glaciar que el macizo de Marboré (donde se encuentra el Monte Perdido), el valle de Bujaruelo, el valle de Ordesa, el circo de Pineta, el cañón del Añisclo y las gargantas de Escuaín. Las autoridades conservacionistas españolas y francesas estudian un proyecto de creación del futuro Parque Internacional que abarque tanto Ordesa y Monte Perdido como el francés Parque Nacional de los Pirineos Occidentales.

El Pirineo axial

Se denomina Pirineo axial a la zona central de la cordillera pirenaica, donde se alzan las montañas más elevadas de esta cadena. En el Parque Nacional de Ordesa son varias las cimas que superan los 3.000 m de altitud: Monte Perdido (3.355 m), Cilindro (3.328 m), Soum de Ramond (3.262 m). La altitud media de los terrenos del Parque Nacional ronda los 1.300 m, con cota mínima de 1.090 m.

El clima regional

Las diferencias de altitud actúan de modo decisivo sobre el clima del parque, además de condicionar la vida vegetal y animal. En los terrenos situados a más de 2.000 m de altitud se registran temperaturas muy bajas durante todo el año; y por encima de los 2.500 m estas condicionesson peores, pues el registro termométrico anual arroja medias inferiores a los 0 °C, con inviernos largos y gélidos, en los que el termómetro puede bajar hasta los -30 °C. Los veranos son frescos en todo el parque: las temperaturas no suelen superar los 25-28 °C en horas diurnas, pero con fuerte oscilación, pues descienden notablemente al anochecer. En los valles, las medias estivales oscilan entre los 17 y los 22 °C.

Ordesa y Monte Perdido es una región de altas precipitaciones, con una media anual que ronda los 1.400 mm. No hay estación seca en el parque, aunque sí épocas con menos lluvia (julio y agosto). Más de la tercera parte de las precipitaciones cae en forma de nieve, entre octubre y abril, por efecto de las bajas temperaturas. En las cumbres, las nevadas pueden aparecer en verano, si se dan las condiciones de “gota fría”.

Ríos caudalosos

Los valles del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido se integran en la cuenca hidrográfica del río Cinca, tributario del Ebro. Nace en la ladera norte del Monte Perdido, desde donde fluye hacia Bielsa por el angosto valle de Pineta, entre las sierras de Espierba y Las Tucas.

El afluente principal del Cinca es el río Ara, con fuentes en el macizo de Viñamala: fluye por el valle de Bujaruelo y recibe las aguas del Arazas en el límite mismo del parque (el Arazas desciende entre el circo de Cotatuero y la sierra de las Cutas). El Ara rinde aguas al Cinca en Aínsa.

A los anteriores cauces deben sumarse los ríos Yaga y Bellos y un sinfín de arroyos y torrentes.

 

La presencia vegetal

Como ocurre en todas las zonas de montaña, la vegetación se ordena en pisos o bandas horizontales que dependen de la altitud. Por debajo de los 1.200 m aparecen plantas mediterráneas, sobre todo encinas y robles con sotobosque de boj, así como prados de siega.
Entre los 1.200 y los 1.700 m se extienden los bosques más importantes del parque, integrados por especies frondosas como el fresno, el tejo, el álamo, el avellano, los arces serbales, el tilo, el abedul y los mostajos. En sus márgenes inferiores está presente el pino silvestre, un árbol de tamaño muy variable, con ejemplares de hasta 40 m de altura; presenta sotobosque de boj y erizón. El erizón puede cubrir grandes extensiones en las laderas. En las laderas más húmedas de la umbría crecen los hayedos, que pueden formar bosques mixtos con abetos. Bajo las hayas y a comienzos de la primavera brotan distintas especies florales: hepática, jacinto estrellado, lúzula del bosque, pulmonaria, anémona del bosque, pírola, uva de zorra y fresas salvajes. Al pie de los abetos nacen violetas, belladonas y frambuesas silvestres (también llamadas chordones).

Entre los 1.700 y 2.300 m queda el piso subalpino, dominado por el pino negro, que mide alrededor de 15 m en los niveles inferiores del estrato y disminuye de talla conforme se encarama a lugares más altos e inaccesibles para otras especies arbóreas; en las cotas superiores, su tronco se retuerce e inclina caprichosamente, por efecto de las bajas temperaturas y los embates del viento. Al pie del pino negro crecen el rododendro, el arándano y otras flores más vistosas, como la flor de nieve o edelweiss y la pulsatilla o flor de viento.

Por debajo de los 2.300 m desaparece la cobertura boscosa, aunque se encuentren especímenes aislados de pino negro. Hay prados alpinos, salvo en las superficies rocosas de los cantiles y cimas, regados por los neveros que se funden en primavera. En estas alturas aparecen vistosas flores, entre otras: la edelweiss (también llamada pie de león) de pétalos aterciopelados, la orquídea, el jacinto, el ranúnculo pirenaico, la genciana, la azalea, la anémona y la cabeza de rey. Es en este tipo de hábitat donde crecen los sauces enanos, todos ellos rastrero.

La situación de estos neveros, en zonas sombrías, y su lento deshielo en verano, permiten que la sequedad estival no afecte al desarrollo de plantas que, como la agujerea (Soldanella alpina), el ranúnculo alpestre (Ranunculus alpestris) de pequeñas florecillas blancas, la saxífraga con hojas opuestas (Saxifraga oppositifolia) de vistosas flores púrpuras, y el llantén de los Alpes (Plantago alpina) se desarrollan en estos parajes.

A estas alturas, la mayor parte de las zonas carecen de suelo y la vida vegetal se restringe a la colonización de las rocas por los líquenes. Éstos se aferran a las rocas formando mosaicos multicolores o buscan el substrato y la humedad en pequeñas grietas y fisuras.

Los animales del parque

Adaptado a las zonas más agrestes, el rebeco (o sarrio) pertenece a la familia de los bóvidos. Suelen poblar las cotas más altas del parque, pero puede vérsele en invierno en los bosques de las laderas inferiores, cuando la escasez de alimento los obliga a expandirse fuera de sus habituales territorios. En primavera e invierno frecuentan los neveros, pues les agrada su frescor.

El zorro ha proliferado en número durante los últimos tiempos. También ha aumentado sus efectivos el jabalí, cuya población creció de modo espectacular durante las décadas de 1960 y 1970, al compás del despoblamiento humano del Pirineo oscense.

Entre los mamíferos del parque figuran también el gato montés, la gineta, el tejón, el turón, el armiño, dos especies de musaraña, la nutria, la marmota y el activo desmán de los Pirineos.

La trucha se distribuye entre ríos e ibones (los lagos alpinos). Y en los riachuelos y manantiales viven la salamandra, la rana pirenaica, el tritón pirenaico -gracioso anfibio que precisa aguas límpidas para subsistir-, etc.

Entre los reptiles, además de la lagartija de turbera, la culebra de Esculapio, la culebra verdiamarilla y el lución, cabe destacar la víbora áspid: poco ofensiva, sólo ataca si se asusta o ve acorralada, y su veneno puede resultar letal en algunos casos, causando graves convulsiones las veces más benignas.

En cuanto a la avifauna, el parque cuenta con grandes rapaces como el águila real (o dorada) y el quebrantahuesos, una especie de buitre en peligro de extinción en la península Ibérica, que se alimenta del tuétano de los huesos de animales muertos. Otras aves de montaña son la chova piquigualda, el treparriscos, el vencejo real y el buitre leonado. En la fronda de los bosques caducifolios habitan el petirrojo, el chochín, el mirlo, el acentor, el arrendajo, el reyezuelo y el petirrojo; en el pinar, el piquituerto. Por su parte, la perdiz nival, el acentor alpino y el gorrión alpino viven en los prados alpinos.

Entre los insectos cabe destacar el gran número de coleópteros y mariposas.