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| Definición La definición de arte es
abierta, subjetiva, discutible. No existe un
acuerdo unánime entre historiadores, filósofos o artistas. A lo largo del tiempo se han
dado numerosas definiciones de arte, entre ellas: «el arte es el recto
ordenamiento de la razón» (Tomás de Aquino); «el arte es aquello que establece su propia
regla» (Schiller);
«el arte es el estilo» (Max Dvořák); «el arte es expresión de la sociedad» (John Ruskin); «el arte es la libertad del genio» (Adolf Loos); «el arte es la idea» (Marcel Duchamp); «el arte es la novedad» (Jean Dubuffet); «el arte es la acción, la vida» (Joseph Beuys); «arte es todo aquello que los hombres llaman
arte» (Dino Formaggio). El concepto ha ido variando con el paso del tiempo: hasta el Renacimiento, arte sólo se consideraban las artes liberales; la arquitectura, la escultura y la pintura eran “manualidades”. El arte ha sido desde siempre uno de los
principales medios de expresión del ser humano, a través del cual manifiesta
sus ideas y sentimientos, la forma como se relaciona con el mundo. Su función
puede variar desde la más práctica hasta la ornamental, puede tener un
contenido religioso o simplemente estético, puede ser duradero o efímero. En el
siglo XX se pierde incluso el sustrato material: decía Beuys
que la vida es un medio de expresión artística, destacando el aspecto vital, la
acción. Así, todo el mundo es capaz de ser artista. El término arte procede del latín ars, y es el equivalente al término griego τέχνη (téchne, de donde proviene ‘técnica’). Originalmente se aplicaba a toda la producción realizada por el hombre y a las disciplinas del saber hacer. Así, artistas eran tanto el cocinero, el jardinero o el constructor, como el pintor o el poeta. Con el tiempo la derivación latina (ars -> arte) se utilizó para designar a las disciplinas relacionadas con las artes de lo estético y lo emotivo; y la derivación griega (téchne -> técnica), para aquellas disciplinas que tienen que ver con las producciones intelectuales y de artículos de uso.3 En la actualidad, es difícil encontrar que ambos términos (arte y técnica) se confundan o utilicen como sinónimos. |
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ArquitecturaLa arquitectura puede ser analizada como una rama de las artes
social y moral; La Enciclopedia le
atribuyó la capacidad de influir en el pensamiento y en las costumbres de los
hombres. Proliferan así las construcciones que pueden contribuir a mejorar la
vida humana como hospitales, bibliotecas, museos, teatros, parques, etc.,
pensadas con carácter monumental. Esta nueva orientación hizo que se rechazara
la última arquitectura barroca y se volvieran los ojos hacia el pasado a la
búsqueda de un modelo arquitectónico de validez universal. Nacen movimientos de
crítica que propugnan la necesidad de la funcionalidad y la
supresión del ornato en los edificios. Francesco Milizia (1725-1798) en Principi di Architettura Civile
(1781) extendió desde Italia las concepciones rigoristas a toda Europa.
Mientras, en Francia, el abate Marc-Antoine Laugier
(1713-1769) propugna en sus obras Essai sur l'Architecture (1752) y Observations
sur l'Architecture (1765) la necesidad de crear un edificio en el cual
todas sus partes tuvieran una función esencial y práctica y en el que los
órdenes arquitectónicos fueran elementos constructivos y no sólo decorativos,
todo ello para hacer una arquitectura verdadera: la construida con lógica. Todos los arquitectos parten
de unos supuestos comunes como son la racionalidad en las construcciones y la
vuelta al pasado. Los modelos de los edificios de Grecia
y Roma e incluso de Egipto y Asia Menor se convierten en referentes que
todos emplean aunque desde puntos de vista distintos. Los modelos greco-romanos dieron lugar a una arquitectura monumental que
reproduce frecuentemente el templo clásico para darle un nuevo sentido en la
sociedad civil. El perfil de los Propileos de Atenas le
sirvió al alemán Carl Gotthard Langhans
para configurar su Puerta de Brandeburgo en Berlín (1789 a 1791),1 un tipo muy repetido como atestigua la entrada al Downing College de Cambridge (1806) obra del inglés William Wilkins o la
posterior Gliptoteca de Múnich de Leo von Klenze.2 También el inglés James Stuart
(1713-1788), un arquitecto arqueólogo al que se ha llamado el Ateniense, en su monumento
a Lisícrates en Staffordshire, reprodujo el monumento corágico de Lisícrates
en Atenas. Los hermanos Adam extendieron por toda Inglaterra un modelo
decorativo para interiores con temas sacados de la arqueología; una de sus
obras más representativas es Osterley Park, con
una notable estancia etrusca y un clásico hall de entrada
(1775-80). Italia
prefirió recrear sus modelos antiguos ya bien avanzado el siglo XVIII y en los
comienzos del siglo XIX. El modelo del Panteón de Agripa en Roma
se repite en un gran número de templos, como el de la Gran Madre de
Dio en Turín y San Francisco de Paula en Nápoles, ambos terminados en 1831,
que reproducen el pórtico octástilo y el volumen cilíndrico
del Panteón. Otros arquitectos, los
llamados utópicos, revolucionarios o visionarios, plantearon edificios basados
en las formas geométricas. No despreciaron la herencia del pasado clásico y,
aunque respetaron las normas de simetría y la monumentalidad, sus edificios son
a veces el resultado de la combinación caprichosa de las formas geométricas. Étienne-Louis Boullée
(1728-1799) y Claude-Nicolas Ledoux
(1736-1806) encabezaron esta postura; entre la gran cantidad de proyectos no
construidos merece la pena mencionar el Cenotafio para Isaac Newton
concebido por Boullée como una esfera, representación del modelo ideal,
levantada sobre una base circular que había de cobijar el sarcófago del
científico. Ledoux ha dejado edificios construidos, entre ellos una parte de la
utópica ciudad industrial de las Salinas de Arc-et-Senans,
de planta circular en el Franco Condado o el
conjunto de la Villette
en París. ...Entre uno y otros grupos
aparece una tercera categoría, la arquitectura pintoresca, a partir de la
creación de jardines ingleses en el siglo XVIII, ordenados de forma natural
lejos del geometrismo del jardín francés. En esta arquitectura se valora la
combinación de la naturaleza con lo arquitectónico, la inclusión en el paisaje
natural de edificios que remedan las construcciones chinas, indias o
medievales. Este juego de formas caprichosas y el aprovechamiento de la luz
buscan suscitar sensaciones en el espectador. Horace Walpole (1717-1797) construyó en Londres (Inglaterra), Strawberry Hill
(1753-1756) una fantasía gótica de la que su autor dijo que le había inspirado
para escribir una novela gótica, una expresión del efecto
inspirador de la arquitectura. También William Chambers
(1723-1796) creó un conjunto pintoresco en los Jardines de Kew
(Londres) (1757-1763) con la inclusión de una pagoda
china que reflejaba su conocimiento de las arquitecturas orientales. |
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EsculturaTambién en la escultura
neoclásica pesó el recuerdo del pasado, muy presente si consideramos el gran
número de piezas que las excavaciones iban sacando a la luz, además de las
colecciones que se habían ido formando a lo largo de los siglos. Las esculturas neoclásicas se
realizaban en la mayoría de los casos en mármol blanco, sin policromar, puesto que así se pensaba que
eran las esculturas antiguas, predominando en ellas la noble sencillez y la
serena belleza que Winckelmann había encontrado en la estatuaria griega. En este mismo sentido habían ido las teorías
de Gotthold Ephraim Lessing
(1729-1781) que en su libro Laocoonte, o de los límites de la pintura y de
la poesía (1766) había tratado de fijar una ley estética de carácter
universal que pudiera guiar a los artistas; sus concepciones sobre la
moderación en las expresiones y en el plasmado de los sentimientos son reglas
que adoptará el modelo neoclásico. Así, los escultores de fines
del siglo XVIII y comienzos del XIX, crearán obras en las que prevalecerá una
sencillez y una pureza de líneas que los apartará del gusto curvilíneo del
Barroco. En todos ellos el desnudo tiene una notable presencia, como deseo de
rodear las obras de una cierta intemporalidad. Los modelos griegos y romanos,
los temas tomados de la mitología clásica y las alegorías sobre las virtudes
cívicas llenaron los relieves de los edificios, los frontones de los pórticos y los monumentos, como arcos de triunfo o columnas conmemorativas. El retrato también ocupó un importante lugar en la escultura
neoclásica; Antonio Canova (1757-1822)
representó a Napoleón como Marte (1810, Milán) y a su hermana Paulina como Venus Victrix (1807, Roma)
tomando así los modelos de los dioses clásicos. No obstante otros prefirieron
un retrato idealizado pero al tiempo realista que captara el sentimiento del
retratado, como Jean-Antoine Houdon
(1741-1828) con su Voltaire anciano (Museo del Hermitage) o el
bello busto de la Emperatriz Josefina (1806,
Castillo de Malmaison) de Joseph Chinard (1756-1813). Antonio Canova (1757-1822) y Bertel Thorvaldsen (1770-1844) resumen las distintas tendencias de la escultura neoclásica. Mientras Canova llega al Clasicismo desde una formación barroca y configura un estilo de gran sencillez racional, el danés Thorvaldsen siguió más directamente las teorías de Winckelmann hasta conseguir un estilo voluntariamente distante y frío que debe mucho a la estatuaria griega. Su Jasón o Marte y el Amor reflejan esa fidelidad al modelo griego. |
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PinturaEs estética neoclásica. Obras
como el Juramento de los Horacios
plantean un espacio preciso en el que los personajes se sitúan en un primer
plano; el predominio del dibujo. Jean Auguste Dominique Ingres
(1839-1867) aunque no fue un pintor neoclásico, tiene obras -como La Fuente-
que representan este movimiento artístico. Los pintores, entre los que
destacó Jacques-Louis David,
reprodujeron los principales hechos de la revolución y exaltaron los mitos
romanos, a los que se identificó con los valores de la revolución. |
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LiteraturaLa
Ilustración fue un movimiento intelectual que provocó que el
siglo XVIII fuera conocido como el «Siglo de las Luces». El
culto a la razón promovido por los filósofos ilustrados conllevó un rechazo del
dogma religioso, que fue considerado origen de la intolerancia, y una
concepción de Dios que pasaba de regir el mundo mediante las leyes naturales a
desaparecer en concepciones ateas del universo. Los ilustrados
promovieron la investigación de la naturaleza, el desarrollo
científico-técnico, la educación y la difusión general de todo
tipo de conocimientos; fueron los tiempos de L'Encyclopédie. El arte se hizo así más accesible y con
menos pretensiones, y la literatura se dirigió a un público más
amplio, planteándose como un instrumento social. El aumento del número de
lectores, especialmente entre la burguesía, plantea la figura del escritor como un profesional,
y la escritura como su fuente principal o secundaria de sustento.3 Francia fue la primera en reaccionar contra las formas
barrocas, y los tres grandes ilustrados, Voltaire, Montesquieu y Rousseau se cuentan entre sus principales exponentes. También
destacaron Pierre Bayle, Denis Diderot, George Louis
Lecler y Chamblain de Marivaux.
En Inglaterra tuvo una gran cantidad de adeptos la novela de aventuras,
destacando Daniel Defoe, Jonathan Swift, Samuel Richardson y Henry Fielding, junto a los poetas John Dryden y Alexander Pope.4 De
la novela se pasó al ensayo como género divulgador de ideas
por excelencia. La literatura neoclásica realizó una crítica de las costumbres,
incidiendo en la importancia de la educación, el papel de la mujer y los
placeres de la vida.5 Destacaron en España el fraile benedictino Benito Jerónimo Feijoo, Gaspar Melchor de Jovellanos
y José Cadalso. Cobró
importancia la fábula, relatos o poesías normalmente ejemplificadas con
animales, donde se exponen enseñanzas morales. La fábula se caracterizaba por
ser una composición de carácter didáctico, por la crítica de vicios y
costumbres personales o de la sociedad, y por la recurrencia a la prosopopeya o personificación. Es el subgénero que más se
adaptó a las preceptivas neoclásicas: una composición sencilla en la que la
naturaleza interviene, y que enseña divirtiendo. Destacaron los fabulistas Félix María de Samaniego y
Tomás de Iriarte en
España, y el francés Jean de la Fontaine.6 En
España, hubo una continuidad barroca en la poesía, con autores como Diego de Torres y Villarroel,
que consideraba a Quevedo su maestro; Gabriel Álvarez de Toledo
y Eugenio Gerardo Lobo. La
segunda mitad del siglo XVII mostraba ya una poesía neoclásica, dominada por su
admiración por la ciencia y los temas filosóficos, o centrada en temas anacreónticos y bucólicos, y marcada en ocasiones por el fabulismo. Destacaron
Nicolás Fernández de Moratín,
autor de Arte de las putas,
prohibida por la Inquisición, que pudo inspirar los Caprichos de Goya; Juan Meléndez Valdés y José Cadalso, de la escuela salmantina; los fabulistas Iriarte
y Samaniego en Madrid; en la escuela sevillana destacaron José Marchena, Félix José Reinoso, José María Blanco-White y Alberto Lista.7 Se dio también una fuerte influencia barroca en el teatro español, especialmente durante la primera mitad del siglo XVIII, con autores como Antonio de Zamora o José de Cañizares. El teatro en España tuvo cambios como la prohibición oficial de representar autos sacramentales, la reaparición del gusto popular por el sainete y la transición de los antiguos corrales a los teatros, como locales adecuados a la nueva concepción del teatro. A finales del primer tercio de siglo los dramaturgos españoles comienzan a seguir los modelos franceses, como Boileau y Racine, renovando las estéticas aristotélicas y horacianas. La obra de teatro debe ser verosímil, cumplir con las unidades de acción, de espacio y de tiempo, y tener un enfoque didáctico y moral. Destacaron en la tragedia Nicolás Fernández de Moratín, José Cadalso, Ignacio López de Ayala y Vicente García de la Huerta; en el más popular género del sainete, destacaron Antonio de Zamora, el prolífico Ramón de la Cruz e Ignacio González del Castillo. Destacó especialmente la figura de Leandro Fernández de Moratín, creador de lo que se ha dado en llamar «comedia moratiniana» (La comedia nueva o El café, El sí de las niñas), en que ridiculizaba los vicios y costumbres de la época, usando el teatro como vehículo para moralizar las costumbres. Seguidores de esta línea son también Manuel Bretón de los Herreros y Ventura de la Vega.
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