Iba por las calles andrajoso y harapiento y la gente se metía con él y le decían"Piturda" cuando pasaba cerca de nosotros, mi oficial le tiraba un pegote de escayola, tocándole a veces y poniéndole perdido de escayola, y diciéndole: " Piturda, esto para que te laves".

Pero Piturda lo sufría con paciencia, aunque algunas veces se le exaltaban los ánimos y contestaba con alguna palabrota, algunos le daba de comer, pero otros le llamaban guarro, tenía un perro que le seguía, el animal si que le entendía, y gustaba de comer lo poco que le daba su amo.

Varias veces vi como el animal defendía a su dueño, con sus ladridos.

Piturda llevaba un carro con el que cogía hierros y cartones de los contenedores y lo que le daban en las obras, no robaba ni sometía con nadie, pero su condición de pobre era motivo de burlas.

Él era un hombre avanzado de edad, aparentaba unos setenta años, quizás fuera más joven, pero su espalda doblada hacia delante y sus ropajes rotos le daban una apariencia desastrosa.

Lo veías en todas las calles, vivía en ellas, no tenía familia ni amigos. Un día apareció muerto junto al carro y el único amigo que tenía su perro no dejaba que nadie se acercara a su cuerpo, lo defendía con sus ladridos y mordiscos al resto de animales que se acercaban.

Tuvieron que hecharle un gran trapo por encima para dominar al animal y poder coger el cuerpo de Piturda, lo enterraron en un nicho del cementerio, mientras el perro seguía custodiando el cuerpo de su amo.

Pasó Piturda por el mundo y nadie le prestó atención, nadie le hecha de menos, nadie le lloró, solo un animal fiel, que le acompañó hasta la muerte.

Hoy día me viene a la mente su vida, era Jesucristo el que pedía, el que recogía cartones, el que buscaba hierros, el que ambulaba por las calles pero, ¿quién se dio cuenta?.

Nadie le acogió, y Jesucristo estaba en él, era Él, hecho pobre.

Cuantas veces Cristo te pide por la calle y te enseña sus llagas reflejadas en suciedad, ropajes rotos, pobreza, niños de la calle, ancianos abandonados, dolor humano. ¿Vendrá Cristo y te encontrará preparado?, ¿habrás llenado tus manos de obras buenas cuando Él te llame a su presencia?

Parece mentira que los animales nos enseñen, a pensar, a amar, a obedecer, a callar, a no atesorar,

a no disponer de nada sino de la Divina Providencia.

Y el hombre con toda su inteligencia, no se da cuenta porque cierra sus ojos a lo que no le interesa ver, por su corazón de piedra.