EDUCACIÓN PARA LA PAZ
Ángel-Pío González Soto
Catedrático de Didáctica y Organización Escolar
La Educación para la paz supone asumir la educación global de los individuos y de la comunidad, contemplando el entorno (social, cultural y natural) de modo amplio y con vistas a lograr una relación armónica del ser humano con todos los elementos de su medio. Ocurre con éste como con otros muchos de los principios educativos (educación en/para la libertad, la salud, la convivencia, fomentar el espíritu crítico, el desarrollo personal, el autoaprendizaje, etc.), que sólo han logrado plasmarse de un modo puntual, aislado, como auténticas excepciones. Bien es verdad que hoy existe un clima social, cultural y científico distinto, que establece unas exigencias más perentorias sobre esos principios y que viene presionando, como nunca antes había ocurrido, sobre problemas "nuevos", que afectan a la propia esencia de la vida del ser humano. Existe, por decirlo de otro modo, una nueva toma de conciencia que exige nuevas respuestas educativas. En esta perspectiva habría que situar a la Educación para la paz. La Educación para la paz empieza como una preocupación acerca de las relaciones humanas y como un modo de dar respuesta a la necesidad de proteger al propio ser humano. Pero está llevando a un nuevo planteamiento socio-cultural, debido a la crisis de relación que se viene produciendo entre el ser humano y la cultura, la sociedad y el entorno. Esta es la causa de que en estos momentos haya que implicar en la Educación para la paz a todos los campos de realización y desarrollo del ser humano. Y de aquí que tengamos que asumir la Educación para la paz de un modo amplio, problemático y global. La Educación para la paz es un concepto multidimensional: en él convergen lo antropológico, lo socio-económico y lo socio-cultural, etc., sobre la base de asumir que la degradación de la convivencia humana y que ambos aspectos son de competencia universal, sin fronteras, que reclaman acciones supranacionales y solidarias. Porque es un concepto socio-cultural, la teoría y acción educativas, que son deudoras de ese sistema, deben formar parte de las acciones que se deban realizar al respecto. Con todo, la paz se percibe paradójicamente. Cada grupo humano la percibe y valora de acuerdo a su historia cultural y a su ideología de vida. La Educación para la paz, por ello, necesita siempre de una acción previa: completar la conceptualización de la relación con los demás. Esta acción previa debe ser seguida de otras de carácter multidisciplinar y participativo, adaptadas al contexto. De este modo, la Educación para la paz debe ser "una práctica educativa necesariamente abierta a la vida social"(Caride, 1992:73). La Educación para la paz debe aparecer como resultado de una preocupación y de la necesidad sentida de que es preciso modificar comportamientos individuales y colectivos. Así, la Educación para la paz debe favorecer la toma de conciencia respecto a los demás y la modificación de actitudes (Informar y sensibilizar, por decirlo de otro modo). Lo cual supone asumir, también, que no sólo estamos hablando de una tarea escolar, sino de una tarea de Educación Permanente presente en los ámbitos formal, no formal e informal, necesitada de todas cuantas aportaciones sea posible.