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historia, escrita para Fritz Lang, está inspirada en hechos reales
y era una clara alusión a la sumisión forzada de civiles alemanes
para actuar como soldados obligados a matar durante la I Guerra Mundial.
Originalmente contaba los crímenes realizados por el médium
Cesare cuando era hipnotizado y actuaba bajo las órdenes del Dr.
Caligari que lo exhibe por las ferias alemanas.
Cuando el guión pasa a
Robert Weine añade dos escenas que modifican el sentido de la narración.
Ahora se trata de un loco que ve al malvado Dr. Caligari en la figura
del bondadoso director de su manicomio.
Obra capital del expresionismo
alemán sobresalen los decorados diseñados por Alfred Kubin,
uno de los precursores del surrealismo.
Desde 1920 hasta 1927 fue exhibida
sin interrupción en el mismo cine de París. El récord
se ha mantenido hasta 1974 con la película Emmanuelle.
El 'Dr. Caligari', cumbre del
expresionismo en el cine
Cuando un 27 de Febrero de 1920
se realiza en Berlín la Première oficial de 'El gabinete
del Dr. Caligari' el cine se encuentra todavía en una tierna juventud.
Desde que en 1895 los hermanos
Lumiere graban la 'salida de los trabajadores de la factoría Lumiere'
unos cuantos iluminados ven en este nuevo invento un método de
expresión hasta la fecha impensable y se empeñan en explorar
las posibilidades que les ofrece. Se convierten ellos mismos en inventores
que han de transformar en imagen móvil lo que otras artes clásicas
hace ya siglos tienen explorado.
La corriente artística
que más aporta al cine en esos momentos se localiza en Alemania.
Se llama expresionismo y 'Caligari' puede considerarse la creación
cinematográfica más representativa de esta actitud estética.
En esta línea, antes de
'Caligari', encontramos referencias similares en 'El estudiante de Praga'
(1913) de Paul Wegener y Stellan Rye donde un joven vende por amor su
imagen reflejada en espejos o en 'El Golem' (1916) del mismo Paul Wegener
y Henrik Galeen, una antigua leyenda judía en la que un rabino
logra dar vida a un hombre de arcilla mediante una fórmula mágica.
Incluso, en el fin y en la técnica (o en la técnica como
el fin en sí mismo), podemos fijarnos en 'La cueva maldita' (1898)
del francés Georges Méliès.
Por sus contrastes entre el blanco
y negro y la arquitectura utilizada en los decorados, pero menos conocidas,
también se consideran precursoras 'La casa sin puertas ni ventanas'
(1914) de Stellan Rye y 'Homunculus' (1916) de Otto Rippert.
Por tanto, la obra de Wiene, es
la cima del camino que después andarán brillantemente F.
W. Murnau y Fritz Lang con 'Nosferatu' (1922) y 'Metrópolis' (1926).
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